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La espiral evolutiva, el desarrollo de la consciencia
en un marco universal de leyes - Parte 3

Por Sinesio Madrona Rodenas

 

Fuego. Segunda fase del subciclo de la libido. Las fases que les siguen (catexis del yo, luchas del héroe) tienen que ver con procesos en los que se señala un importante incremento de la autoafirmación, de la independencia, del cuestionamiento de los roles recibidos, del aumento de iniciativas y decisiones, etc. En un primer momento [1ª fase Aries] la independencia viene señalada por la ruptura del cordón umbilical y la eclosión de una criatura que a partir de ese momento será autónoma en sus funciones fisiológicas. Posteriormente [1ª fase Leo], después del conflicto edípico y de la socialización del niño a través de la familia, viene el periodo de autoafirmación y de lucha por conquistar el yo que Freud define como asunción del superyó y Jung como comienzo del proceso de individuación. Monedero señala también en ese periodo un incremento de la competitividad yoica (1982).


Fig. 6: disposición triangular de las fases derivadas del segundo estadio de la libido

Más adelante en el periodo adolescente [1ª fase Sagitario] el joven cuestiona todas las pautas y la ideología recibida de sus mayores y busca su propia definición de la vida. Erikson ha señalado esta fase en la que destaca la búsqueda de la autoidentidad por parte del adolescente (1985) y en Wilber correspondería con el inicio del estadio del centauro. Entre los 30 y los 35 años [2ª fase Aries] se da, asimismo, un periodo de marcado énfasis en la toma de decisiones, la independencia, la ruptura con antiguos lazos, la asunción de una nueva orientación más personal en la vida, etc. (observaciones personales) y con la necesidad de cambiar Sheehy (1984). El último periodo, de 51 a 57 años [2ª fase Leo] parece coincidir con un marcado incremento en la capacidad de decisión profesional y empresarial en las personas, así como en un sentimiento de solidez personal y autoafirmación, Sheehy (1984). De nuevo estas etapas, correlativas a las anteriores, forman un triángulo equilátero, que nos muestra la regularidad que los procesos de la libido parecen tener en el devenir humano.

Tierra. Tercera fase del subciclo de la libido. El tercer motivo de agrupación de la fases deriva de la señalización por Freud de los procesos de ligazón de la libido al objeto y en Jung de las herramientas del héroe. Tendría que ver con un incremento del contacto del individuo con la realidad, con el objeto. En el primer año [1ª fase Tauro] este enfoque se puede percibir en la suprema importancia que en este momento tiene el contacto que el niño está desarrollando con su propio cuerpo y con los objetos exteriores. La correspondiente fase posterior [1ª fase Virgo] se relaciona con el periodo en el que el niño empieza a desarrollar las operaciones concretas, descrito por Piaget (1977). Es una época de escolarización y marcado interés por aprender. Erikson señala el desarrollo de la competencia para la edad escolar (1985).


Fig. 7: disposición triangular de las fases derivadas del tercer estadio de la libido

Al final de la adolescencia (1822 años) [1ª fase Capricornio] se da una fase que se puede caracterizar como de contacto con la realidad socialprofesional. Al igual que el niño tomó contacto con su cuerpo en la primera fase de este ciclo, y tomó contacto con la realidad mental concreta en la segunda, en esta tercera fase el joven está tomando contacto con una realidad más amplia, la señalada por su relación con el mundo adulto. Es decir estas tres fases estarían señaladas por la unidad de contacto con la realidad, que es física en la primera, mental en la segunda y socialprofesional en la tercera.

Una cuarta (3540 años) [2ª fase Tauro] y quinta (5157 años) [2ª fase Vigo] fases están poco estudiadas en la psicología evolutiva. Cabe no obstante mencionar que en la cuarta fase parece haber un notable incremento de la estabilidad y la seguridad material, una actitud más hedonista hacia la vida y una recuperación de algunos deseos inconscientes profundos relacionados con el cuerpo y la sexualidad.

Aire. Cuarta fase del subciclo de la libido. Al cuarto estadio de la libido se corresponden fases relacionadas con el crecimiento mental y social específicas del ser humano (ligazón de la libido a la representación del objeto de Freud, salida de la gruta y elevación del héroe a los cielos de Jung). La 1ª fase Géminis tiene lugar durante el proceso de verbalización del niño. Junto al desarrollo verbal el niño adquiere una incipiente capacidad para manejar sus pulsiones y una visión dual de la realidad. Gessell señala que a los 2'5 años el niño ve la vida como una calle de dos direcciones (1985). En la siguiente fase [1ª fase Libra] tiene lugar la descentralización afectiva del niño que le permite desarrollar la capacidad para las operaciones abstractas, tal como señala Piaget (1977) en su estudio del desarrollo de la inteligencia. Ambos aspectos: el mejor conocimiento de lo emocional y un destacado desarrollo de la capacidad de abstracción vuelven a repetirse en esta fase prepuberal.

La siguiente, [1ª fase Acuario], tiene lugar en la Espiral Evolutiva entre los 22 y los 26 años. Wilber señala el principio del desarrollo de una capacidad abstracta superior, que menciona como lógica imaginativa, hacia los 21 años (1991). No obstante ésta es una fase que marca el límite de evolución del ser humano, no todo el mundo tiene o ha tenido el desarrollo que pertenece a ella. Wilber señala que la lógica imaginativa es la primera estructura “(...) que puede sintetizar, establecer conexiones, relacionar verdades, coordinar ideas e integrar conceptos. (...) Ésta es, evidentemente, una estructura altamente integradora, en mi opinión, la estructura más integradora del dominio de lo personal. Más allá se encuentra el reino de lo transpersonal” . Evidentemente es un tema muy acuariano.


Fig. 8: disposición triangular de las fases derivadas del cuarto estadio de la libido

En la 2ª fase Géminis (de 39.8 a 45.0 años, dual consciente) no sé de nada que haya escrito sobre ella (de este definido sector en particular) que merezca la pena mencionar como un nuevo nivel de desarrollo de la abstracción. No obstante la posición de esta fase (sobre la 3, el comienzo de la dualidad en el niño, la separación de los sexos) justificaría una explicación –si admitimos la coherencia global del conjunto representado por la espiral– de la teoría junguiana de la evolución y del interés que las personas que acudían a su consulta en ésta y posteriores edades. En la 1ª fase Géminis tiene lugar en este mismo sector la incipiente conciencia de la separación de los sexos. Ahora se justificaría en esta fase la integración de la dualidad sexual a través de la incorporación a la conciencia de los modos de ver el mundo y la conducta del opuesto al sexo biológico, lo que Jung define como la integración con los arquetipos del anima y del animus.

En la 2ª fase Géminis se desarrollaría un nuevo nivel de abstracción que he llamado lógica ideoemocional concreta o autocentrada. Con este nombre quiero dar a entender que en este estadio la visión global incorpora consciente y operativamente la percepción del cerebro derecho y el individuo ya no elabora un mundo únicamente en base a su lógica, pues da igual importancia a sus percepciones ‘irracionales’ (mantengo el término de ‘lógica’ provisionalmente). Lo de ‘autocentrada’ es porque considero que en esta fase, al igual con lo que ocurre en este mismo sector en la primera vuelta de la espiral, esa percepción tiene como centro al individuo. A la siguiente fase de abstracción, la 2ª fase Libra, correspondería una lógica ideoemocional descentrada o abstracta. Al igual que en la primera vuelta de la espiral en la fase que corresponde a este mismo lugar geométrico se produciría un descentramiento afectivo que llevaría a un nuevo descubrimiento del tú en este nivel transpersonal y a la capacidad de abstracción ideoemocional descentrada. En ella, especulativamente, el individuo podría tener una percepción experiencial y racional de la realidad desde cualquier lugar de ella, ya sea humano, animal, vegetal u objetal en general. En este sentido las descripciones que hace Grof (1988) sobre la identificación con plantas o animales de algunos sujetos en la experiencia con LSD, podría decirnos mucho al respecto.

Cabe aquí también señalar que la lógica ideoemocional concreta estaría más de acuerdo con las visiones espirituales exclusivistas (pues, al igual que en la primera vuelta de la espiral, esta capacidad abstracta se desarrollaría en un sector en el que predomina el autocentramiento y el egocentrismo –en esta fase evolutiva correspondería también a la inflación del ego), mientras que la lógica ideoemocional abstracta estaría más en consonancia con la visión participativa de Ferrer (2003). Aunque Ferrer no está de acuerdo (comunicaciones personales) con lo que supondría esta idea, inmersa, en parte, en un sistema aparentemente jerárquico, cabe señalar de jerarquía y paridad (participación igualitaria) son dos aspectos parciales cartesianos de una realidad que es ambas cosas a la vez; aunque esta discusión requiere más espacio del que se dispone en este contexto.

Trinidad

En torno a la estructura triangular del elemento agua, punto de inicio de los ciclos de la libido, surge la teoría de que el ser humano está constituido, básicamente, por tres nódulos emocionales que constituyen el triángulo emocional que rige la vida humana. Esta teoría es, de todas formas, casi un fiel reflejo de la teoría de la libido de Jung , salvo por el hecho de que se concibe como estructura básica y proceso cíclico que se repite. Es decir, en el ser humano existen tres núcleos de libido: la protolibido o libido primordial (Piscis) que nos conecta con la unidad, la libido familiar (Cáncer), que estructura las sociedades animales y humanas, y la libido sexual (Escorpio) que resalta el desarrollo del ego y de la individualidad y que es específica del ser humano. La concepción de Jung termina aquí; pero en la teoría espiral después de la tercera fase de la libido, volveríamos de nuevo a la primera fase o protolibido, según la terminología junguiana, sólo que ahora sería una libido trascendente (2ª fase Piscis). Esta nueva fase de la libido nos reconecta con la unidad primordial, pero en un nuevo ciclo de conciencia, por lo que se convierte en la unidad trascendente.

Me voy a limitar a describir un punto esencial de esta teoría. Cada nueva fase de la libido se apoya en la negación y rechazo de la anterior. Así la fase de libido sexual (1ª fase Escorpio) se desarrolla rechazando la fase de libido anterior (1ª fase Cáncer) o libido familiar. La fase de libido trascendente (2ª fase Piscis) se desarrolla a través del rechazo de la anterior, que implica la condena del ego y de la sexualidad (en este sentido el papel del cristianismo y otras religiones, sería un papel evolutivamente necesario para la especie). La fase de libido trascendente no es el final, es otra más en el proceso de desarrollo. Así el acceso a la experiencia y conciencia transpersonal no es el final. En esta teoría supone una reestructuración radical del mundo vivido hasta ahora por el individuo. En el primer ciclo de la espiral las fases de la infancia temprana están sumidas en un mundo confusional que se va estructurando conforme el individuo va creciendo y llega a una configuración momentáneamente estable tras el Edipo. En este segundo ciclo de la espiral ocurre lo mismo para cualquier mediano observador. Tras la experiencia mística y el acceso a una nueva forma de ver el mundo se produce una gran inflación del ego (evolutivamente necesaria) y una etapa acusadamente confusional y egocéntrica. De esta situación nos sacará, al igual que en la primera vuelta, el paso de nuevo por la libido familiar (2ª fase Cáncer, en términos freudianos sería un segundo Edipo), que ahora podríamos llamar libido familiar trascendente. Tras este paso se supera el exceso de numinosidad que existe en la primera etapa trascendente y “se vuelven a ver los ríos y montañas como tales”, tal como reza el dicho zen. Se alcanza una nueva meseta de estabilidad, al igual que ocurría en la infancia en esta misma fase. Se vuelve a recuperar la importancia del yo (que no del ego) que, en realidad, ha seguido ejerciendo su poder desde el inconsciente al que se le ha rechazado ideológicamente desde una incompleta maduración transpersonal. Ya no aparece como algo rechazable o como algo subordinado al fundamento dinámico, en terminología washburniana (1997), sino como una fuerza en sí misma, asimilable a una fuerza yang existente en el universo. El acceso a un nuevo nivel epistemológico de conciencia sólo se puede producir a través de un proceso recursivo (Keeney, 1994) en el que las fuerzas opuestas se integren. Y no puede un yo transicional, dependiente, sumergido o inferior al noyo ser el rival que éste necesita para lograr esa integración . Esta manera de ver el proceso del desarrollo de la conciencia como un ciclo que, en teoría, es continuo, nos puede ayudar a distanciarnos de los momentos en los que, sumidos en el éxtasis, nos resulta difícil ver con perspectiva esa misma realidad que estamos viviendo.

Descripción de las fases opuestas

Desde la perspectiva dual (o diametral) entramos a considerar fases que se oponen entre sí y muestran relaciones características de esa oposición. Ver fig. 3.

Primer eje: yo-tú. La 1ª fase Aries representa el nacimiento, la independencia fisiológica de la madre y el comienzo incipiente del desarrollo del yo. En el lugar opuesto la 1ª fase Libra (9-12 años, la pandilla, el otro) representa todo lo contrario, lo que he llamado el desarrollo del tú. En esta fase se produce la descentralización afectiva y el chico reconoce al otro como alguien distinto de sí mismo. Al mismo tiempo reconoce también la existencia de una vida interior, un yo propio y diferente. La fase Aries es egocéntrica y esta actitud se mantiene hasta la fase Libra, en la que empieza el desarrollo social igualitario en la relación con los pares. Esta distinción es muy clara en la psicología evolutiva y resulta muy convincente en la espiral evolutiva.
La 2ª fase Aries (30-35 años, activa) vuelve a mostrar un intenso periodo yoico, se acentúa la expresión de la independencia y la toma de decisiones, iniciativas y gran actividad (esta fase está simplemente señalada por Rappoport (1986) y Monedero (1982) que inciden en destacar la edad de 30 años, y su descripción se basa, sobre todo, en estudios propios inéditos, sí bien Sheehy (1984), hace descripciones interesantes de esta fase, que coinciden con lo que aquí se postula. En la 2ª fase Libra podemos citar la afirmación de Rappoport (1986) para toda la ancianidad como un periodo en el que se vuelve a plantear el tema de la relación social y de la identidad personal con renovado interés. Este mismo autor llega a compararla con la adolescencia, lo que es significativo dado que este ciclo se superpone al periodo adolescente en la primera vuelta espiral.

Segundo eje: corporal-sexual. En la 1ª fase Tauro (12 años, corporal) se inicia la educación de los esfínteres y, sobre su base, las estructuras básicas de educación y las primeras normas de socialización. Se produce el descubrimiento de los genitales. Es una fase muy relacionada con el descubrimiento del cuerpo. En su opuesta, la 1ª fase Escorpio (12-15 años, puberal), se da una nueva relación intensa con el cuerpo debido al desarrollo puberal. Asimismo se empieza a cuestionar la educación recibida en la infancia.

En la 2ª fase Tauro (35-40 años, hedonista) vuelven a hacer una insistente aparición las fijaciones y “perversiones” infantiles a las que alude Freud en su teoría (Sheehy 1984). La 2ª fase Escorpio (70-77 años) está por estudiar. Habría que investigar la sexualidad en el anciano dado que esta fase se sitúa en el mismo lugar que la pubertad en el primer ciclo. Cabe predecir, de acuerdo con esta teoría, que con el progresivo alargamiento de la esperanza de vida y las nuevas actitudes en materia sexual de las generaciones que están ahora en la madurez podríamos ver en los próximos años un cambio total acerca de lo que se cree sobre la sexualidad del anciano. En este sentido el fenómeno supuestamente patológico y socialmente rechazado del “viejo verde” podría ser contemplado como una respuesta a un condicionamiento social represivo.

Tercer eje: verbal-ideacional. En la 1ª fase Géminis (23 años, Verbal, mental, social, dual) se produce un notable desarrollo del lenguaje y por su intermedio un mejor manejo de las pulsiones y de los impulsos motores a través de la verbalización. Un gran interés por conocer el qué de las cosas. Se descubre la dualidad de la naturaleza (Gessell, (1985), compara esta fase con la adolescencia). En la 1ª fase Sagitario (15-18 años, ideacional) se da el notable incremento ideacional de la adolescencia y un máximo en los procesos de abstracción; lo que implica interés por comprender el mundo. Se puede considerar que los sistemas ideales y religiosos son respuestas integradas a la dualidad de la fase opuesta. La 2ª fase Géminis (40-45 años) queda por estudiar. Podrían investigarse los intereses cognitivos. También cabría apuntar aquí, ya en el desarrollo transpersonal, la vuelta a la unidad de los opuestos a través del desarrollo y acceso a la conciencia de las imágenes y actitudes femeninas y masculinas (opuestas a nuestro sexo biológico) de nuestro interior. Lo que Jung llama anima y animus.

Cuarto eje: familiar-profesional. En la 1ª fase Cáncer (35 años, edípica) la socialización a través de la familia está en un momento culminante, los modelos parentales servirán para la futura socialización del infante. En la 1ª fase Capricornio (18-22 años, aprendizaje o preparación social-profesional) el joven puede empezar a realizar por sí mismo estos modelos adquiridos en la infancia y a proyectarse socialmente a través de su profesión. Comienza la asunción de roles sociales, profesionales y familiares. Se hacen notar los imperativos de la realidad social.

Tentativamente en la 2ª fase Cáncer (45-51 años, segundo Edipo) se consideraría el comienzo de un cambio de los roles familiares con la aparición de los primeros nietos o, cuando menos, los cambios que producen la incorporación de yernos y nueras a la familia nuclear. Este dato de edad, mucho más disperso en la realidad, sólo tiene sentido dentro de la estructura total de esta teoría e invita a estudiar esta fase con el enfoque que se desprende de ella; habría que estudiar una posible renovación de las cuestiones edípicas y de la socialización grupal, y la posibilidad de que se produzcan notables cambios sociales aun independientemente de la aparición de nietos e hijos políticos. Aquí el ser se abriría progresivamente a una visión más participativa de la realidad espiritual, tal como propone Ferrer (2003).

Quinto eje: madurez evolutiva. En la 1ª fase Leo (57 años, postedípica) se da una afirmación importante del yo como resultado de la asunción y estructuración de la realidad social a través de la familiar. Se pro¬duce una mayor madurez y estabilidad emocional y la escuela propicia el desarrollo de la individualidad. En la 1ª fase Acuario (22-26 años) se estructura o reestructura toda esta temática, pudiendo aparecer una nueva afirmación del yo (rebelde o conformista) como consecuencia del asentamiento de los roles sociales y profesionales que eran incipientes en la 1ª fase Capricornio, o como ruptura con los mismos cuando emerge un yo más profundo y distinto al modelado por las influencias familiares. Podría considerarse que la identidad personal adquirida en la opuesta fase Leo se expresa con más determinación, en este momento, a través del logro de una identidad socialprofesional (también en las fases Capricornio y Acuario la, señalada por el psicoanálisis, transferencia al ambiente profesional del conflicto edípico del periodo opuesto).

La 2ª fase Leo (51-57, plenitud) está por estudiar. Habría que considerar el aumento de la fuerza y coherencia del yo si, tal como sugiere la teoría, su expresión resulta análoga a la de la 1ª fase Leo. En este sentido podría apuntarse como la edad culminante del poder empresarial y profesional .

Sexto eje: conocer la realidad. En la 1ª fase Virgo (79 años, escolar) hay un gran interés por la escuela y por aprender. En esta etapa se sitúa el comienzo de la fase de las operaciones concretas de Piaget. De este periodo se destaca el énfasis por el conocimiento racional y detallado del entorno. En la 2ª fase Piscis (26-30 años, pérdida, introversión, mística, unidad postconsciente, génesis espiritual) hay que considerar su superposición geométrica sobre la 1ª fase Piscis o prenatal. Así acudimos a los estudios de Frenkel-Brunswick (1968) que la describen como un periodo culminante de las experiencias subjetivas, y de Gould (1972) que afirma se da una marcada experiencia subjetiva. Bertrand Rusell, entre otros, afirma en su autobiografía que a los 27 años tuvo una importante experiencia semi­mística. Mis propios estudios la describen como un periodo biográfico de retiro o renuncia, así ocurre, por ejemplo, en las vidas de Manuel de Falla, Juan Ramón Jiménez (Campoamor, 1976) y Jung (1981); lo que he confirmado también en mi gabinete.

Teniendo en cuenta estos datos la superposición de esta fase sobre el periodo prenatal resulta muy significativa. Su interpretación con una orientación transpersonal estaría señalándonos un periodo no tanto de regresión (según la teoría de Freud) cuanto de una fase de superación de las limitaciones egoicas y duales (que son parte imprescindible del desarrollo de la conciencia e identidad personal) del primer ciclo vital que culmina a los 30 años. En contraposición a la racional fase Virgo, el conocimiento que se busca aquí es holístico, integrador, trascendente, emocional y “psíquico” (irracional). Es la 2ª fase Virgo (57 a 63 años, ¿?) se podría postular, de acuerdo con la coherencia de la espiral, que es un buen momento para retomar los estudios sobre intereses que no se pudieron realizar en el curso del desarrollo anterior y para preparar las actividades que habrían de tener lugar, en nuestra cultura, a raíz del retiro de la vida laboral.

Las estructuras cuaternarias

Estructura cardinal. En esta teoría los signos cardinales configuran una estructura cuaternaria de la personalidad. Ya se ha hablado del desarrollo de la libido en cuatro fases que tres sectores diferenciados de evolución en la estructura dodecanaria, pero aquí vamos a ver la estructura poligonal de cuadrado o cruz que surge cuando se consideran las fases implicadas en ella, fig. 9.

Esta estructura de la personalidad surge como derivación de la esquema ternario de Freud basado en los conceptos de yo, ello y superyó y se apoya en el concepto de cuaternidad de Jung, en la propia afirmación freudiana de que “se nos muestra al yo [...] sometido a tres distintas servidumbres y amenazado por tres diversos peligros, emanados, respectivamente, del mundo exterior, de la libido del ello y del rigor del superyó” (1974) y en el énfasis de Lacán en la dialéctica yo-otro (1971).


Fig. 9: estructura cuaternaria de la personalidad.

La estructura cuaternaria de la personalidad que aquí se propone, está formada por cuatro instancias denominadas yo, tú y principios materno y paterno. Los principios materno y paterno sustituyen a los de ello y superyó y se entienden como aspectos formativos de la psique individual conectados con principios universales y arquetípicos, a través de lo que en esta teoría se configura como el “eje colectivo”. Ciertos aspectos de este eje colectivo se entienden también como formadores de lo que se concibe como un yo grupal (rasgos del yo comunes en una familia, grupo, región, etc., que no pueden ser atribuidos exclusivamente al individuo y que están en la base de atracciones y acciones comunes). La instancia del tú se entiende como la producida por un profundo vacío constitutivo de la psique que se genera como consecuencia de la separación del embrión original en dos sexos y como la pérdida de la unidad con “el todo materno” intrauterino tras el parto. Es notorio señalar que esta estructura cuaternaria de la personalidad se vincula a las fases evolutivas que señala. Es decir las fases evolutivas que coinciden con las cuatro instancias psíquicas tienen una fuerte influencia en su configuración y manifestación.

El eje vertical (principios materno y paterno) constituye un eje jerárquico, mientras que el eje horizontal (yo-tú) constituye un eje paritario. El sentido de la jerarquía y de la paridad son partes constitutivas de la psique humana y de la estructura de la personalidad según este estudio. Ambas coexisten o deben coexistir en la conducta humana en multitud de ocasiones. Un profesional tiene, en su ámbito de conocimiento, una postura jerárquica respecto a nosotros, pero es igual en cualquier otro aspecto. Lo que ocurre con frecuencia es que en una postura jerárquica de poder la conducta humana exclusiva de un aspecto del ser, se metastasea a toda su naturaleza confundiendo el sentido y la utilidad de la jerarquía. En este sentido el concepto jerárquico en la estructura evolutiva de esta teoría tiene una connotación más de “posterior” (flecha del tiempo) que de “superior”. Así pues, la visión participativa de Ferrer (2003) es coherente con una estructura evolutiva “posterior” en el tiempo a la visión exclusivista y jerárquica de otras teorías; pero no necesariamente superior en el sentido cartesiano-kantiano que denuncia Ferrer. El tiempo lineal y el presente eterno (el movimiento y el ser) forman otra dualidad que debe ser superada por la conciencia; es decir, debe ser vista desde la red de interrelaciones múltiples y recursivas que configura la teoría de la información (Keeney, 1994) y no desde la exclusiva visión autocentrada del “punto” newtoniano. En esta teoría evolutiva se considera que toda estructura de la conciencia que se va formando es en parte “superior” y en parte “inferior”, pues en el proceso algo se gana, pero también algo se pierde. Además, tal como defiende Ferrer (2003), el acceso a cada una de estas estructuras de la conciencia se hace por múltiples caminos y tiene múltiples formas (básicamente las de los doce arquetipos zodiacales, aunque pueden considerarse formas infinitas si nos atenemos a lo que se pone en la nota 2). En este sentido cada individuo tiene un camino único y la adhesión a una determinada corriente espiritual supone, en parte, una “cesión” de los derechos exclusivos a realizar el propio destino. Poniendo el ejemplo de un nivel evolutivo más conocido por todos, el de la pubertad: todos accedemos a ella en un determinado momento de nuestras vidas; pero ese acceso, aunque tenga muchas similitudes, es diferente para cada uno de nosotros, y también es diferente la experiencia que cada uno de nosotros tenemos acerca del sexo, experiencia incomunicable en su sentido más íntimo y subjetivo, aunque todos demos por hecho que estamos hablando de lo mismo cuando conversamos sobre el tema.

Estructura fija. Es más complejo buscar la estructura de los signos fijos en estudios de psicología paralelos, o bien mi información es precaria al respecto. Así pues, basándonos en las atribuciones astrológicas de estos signos, vamos a considerarlos como una estructura de consolidación de la psique y de la personalidad en base a la seguridad de material (Tauro), la autoafirmación y seguridad personal (Leo), la seguridad interpersonal (Escorpio), y la seguridad social y profesional (Acuario). A este respecto lo descrito en el siguiente apartado: “El ciclo vida-muerte”, es también significativo respecto a la importancia que la cruz fija tiene en el devenir humano.

Estructura mutable. S. Arroyo (1982) atribuye a los cuatro signos mutables el intelecto y la comunicación (Géminis); el periodo de servicio a la sociedad y el aprendizaje práctico con un maestro (Virgo); el logro del dominio en el campo que se escogió, la búsqueda de perfección, etc., (Sagitario) y el aprendizaje y educación del hombre espiritual (Piscis). Personalmente relaciono los cuatro signos mutables con los procesos de la ciencia. Así Géminis representa la recolección de hechos, datos u observaciones. Virgo viene a significar la ordenación, clasificación, etc., de los datos recogidos según sus características similares. Sagitario significa la deducción de leyes, teorías, fórmulas, etc.; procesos de abstracción y generalización y Piscis habría empezado a tener consideración en el esquema a partir de la aparición de la psicología como proceso de conocimiento, en parte ciencia, en parte arte; unión de lo subjetivo y lo objetivo, del observador y el objeto observado.

Vistos desde esta perspectiva la dinámica de la cruz mutable aparece más como un factor de búsqueda y cambio que como uno de crisis. Es precisamente este factor de búsqueda el que provoca, como una consecuencia suya, la crisis, en tanto en cuanto el hallazgo de una nueva solución o concepto subvierte el orden establecido por la anterior cruz fija. Esta cruz sí la podemos asimilar a una función descrita por Freud, aunque no de una manera completa y precisa (Laplanche y Pontalis, 1981). El concepto de sublimación, más apropiado para la fase Sagitario, tal como Freud lo plantea, podemos hacerlo extensivo a los cuatro signos mutables. El deseo de saber y la necesidad de manejar sus emociones a través del intelecto, es un factor importante de la fase Géminis. La etapa de latencia, atribuible de una manera estricta a la fase Virgo, coincide con un momento de gran interés en los estudios. La fase Sagitario coincide más apropiadamente con el concepto de sublimación de Freud y la sublimación de Piscis sería la que nos lleva a las más altas experiencias de la espiritualidad y trascendencia.

El ciclo vida-muerte

Es posible estudiar otras relaciones internas. Las fases contiguas tienen, en algún aspecto importante, una relación dialéctica entre si. Una es la negación de la otra. Por otra parte esta relación nos lleva a plantear la sucesión de fases en una modalidad activoincisiva y otra pasivoreceptiva en sucesión alternada. No obstante estas relaciones no aparecen tan claras en la práctica desde el punto de vista psicológico y es más difícil establecerlas.

Hay una relación matemática que resulta sorprendente y llamativa. La ecuación que ha resuelto este sistema es de segundo grado. Es decir, tiene dos soluciones. Idealmente la primera solución se ha hecho partir del punto de nacimiento como es lógico suponer. La segunda solución (resultado inesperado de naturaleza matemática) parte de 0º de Capricornio, punto en el que geométricamente se sitúa el principio paterno y social (factor externo al yo), a 90º del primero en el eje positivo de las ordenadas. La dirección de ambas espirales es contraria (directa la de 0º de Aries, conversa la de 0º Capricornio).

Ambas espirales se oponen desde el centro de los cua¬drantes 1 y 3; es decir, en el eje TauroEscorpio, edades de 1'125, 13'125, 37'125 y 73'125 años. En la 1ª fase Escorpio se registra la gran crisis puberal, la 2ª fase Tauro coincide con la gran crisis que menciona Jung entre los 35 y 40 años y que Michael P. Nichols (1987) sitúa “alrededor de los 37 años”. Por lo menos en la Crisis pubral está claro (al menos en nuestra cultura) el enfrentamiento entre las expectativas de la sociedad y del joven .

Fig. 10: las dos espirales.

La conjunción de las espirales tiene lugar en el centro de los cuadrantes 2 y 4; es decir, en el eje Leo-Acuario. Edades de 5'625, 23'625 y 53'625 años. En la 1ª fase Leo se puede constatar una gran unanimidad en cuanto a la madurez y autonomía del infante. Los principios simbolizados por el yo y el medio externo (Padre-sociedad) se encuentran geométricamente, y eso parece sugerir, simbólicamente. una cierta unión de los mismos, lo que resulta coherente con los hechos descritos en la fase mencionada. También existe una gran madurez en la 2ª fase Leo, en torno a los 53 años. Podría estudiarse desde esta perspectiva la madurez, desde el punto de vista socialprofesional, que debería aparecer en el individuo, según esta teoría, hacia los 23 años (1ª fase Acuario), después de haber iniciado el desarrollo de lo que Wilber llama lógica imaginativa.

Por otro lado en los momentos en los ambas espirales se oponen tenemos estos datos: antes de llegar al año de edad (1ª fase Tauro) se produce una gran mortandad infantil en situaciones tercermundistas, en orfanatos y lugares análogos (Spitz, 1969). Hasta los 13 años (1ª fase Escorpio) es muy difícil que se dé el suicidio en los niños, el adolescente empieza a tener otra relación con la muerte y es más capaz de quitarse la vida, cosa que empieza alrededor de esa edad. Los 37 años (2ª fase Tauro) es una edad muy próxima a la esperanza de vida en culturas muy primitivas; hay incluso un informe estadounidense del Departamento de Salud, Educación y Bienestar Social, titulado Work en América (1973) que señala que: “Es observable un marcado aumento en la tasa de mortalidad en los trabajadores entre los 35 y los 40 años”. La cifra de 73 años (2ª fase Escorpio) es muy próxima a la actual esperanza de vida en nuestras culturas desarrolladas; aunque en los últimos años se empieza a rebasar ampliamente.

Lo más importante de estas consideraciones es que el próximo cruce de ambas espirales se produce a los 121 años y desde hace algún tiempo se considera que biológicamente la vida del cuerpo humano es de 120 años y esa será la esperanza de vida en un futuro no muy lejano (Hayflick, 1994). Sería una muestra de la capacidad predictiva de la espiral, de acuerdo con una de las exigencias de la ciencia. Las edades de oposición de ambas espirales aparecerían así como puntos críticos de transformación y no como fechas límite. Cabe sospechar entonces que, una vez superadas las actuales barreras culturalbiológicas a la prolongación de la vida, la duración de ésta casi se duplicaría en un espacio relativamente corto de tiempo.

Por otro lado en torno a la conjunción de las espirales tenemos los siguientes datos: alrededor de los 5 ó 6 años (1ª fase Leo) se produce, según Freud, la superación del Edipo y la instauración del superyó, lo que implica un punto fundamental en la maduración del individuo, según esta teoría. Por estas mismas fechas señala Jung el comienzo de la individuación y la psicología evolutiva en general las reclama como una fase en la que será una gran pujanza del yo. En torno a los 23 años (1ª fase Acuario) y posteriores no hay literatura psicológica que yo conozca que lo destaque de una manera especial en el significado buscado en esta teoría. Es posible señalarla como una edad en la que la pujanza del joven por abrirse un camino en la vida le ha permitido llegar a un nivel de seguridad importante en sí mismo y en su carrera. Se podría buscar este tipo de respuesta en esos estudios estadísticos a los que están aficionados son los racionalistas (la parte determinista de esta teoría). Por fin alrededor de los 53 años (2ª fase Leo) e inmediatos posteriores se puede afirmar la sensación de plenitud a la que llega el individuo, después de haber pasado las primeras dificultades de la madurez, se entra en esta etapa con una gran calidez, maduración y serenidad. Al mismo tiempo también es una edad a la que se llega a la máxima cota de poder real y de capacidad de trabajo en los ámbitos profesional y empresarial (Sheehy, 1984).

La oposición de las espirales aparece ligada a lo que podríamos concebir como un punto de muerte o punto de transformación en el ciclo total, mientras que la conjunción de las mismas estaría relacionada con un posible punto de vida o punto de crecimiento.

Si se acepta la posibilidad de que esta visión sea cierta, tenemos descrito matemática y geométricamente (deterministicamente) un esquema de los ciclos de la vida y de la muerte en la realidad humana. Pero, al mismo tiempo, esta estructura nos proyecta hacia una visión trascendente de la vida y de la muerte enmarcada en proceso de ámbito universal. Una visión que trasciende las limitaciones de considerarnos aislados en nuestras preocupaciones egoicas ante la muerte. Los conceptos de vida y muerte son expresiones de la conciencia humana. En el universo no hay “vida” ni “muerte”, hay un proceso continuo de transformación de la energía-materia-conciencia... en formas que se suceden unas a otras y se reciclan unas en las otras. Para la conciencia trascendente ésta es una dualidad operativa con la que hay que manejarse en la realidad ordinaria; pero esa dualidad no existe como separatividad, no existe como “conciencias” con finalidades opuestas que se combaten de manera irreconciliable, tal como parece desprenderse de los conceptos de eros y thanatos de Freud.

Últimas especulaciones

Desde la perspectiva de estas investigaciones abogo por la consideración de la naturaleza humana y de la conciencia desde una óptica de observador externo que implique un descentramiento del objeto de estudio, considerando a éste, por lo tanto, inmerso en un universo del que forma parte y en el que coexiste con el resto de la realidad. No se trata, pues, de estudiar el proceso de desarrollo y transformación del ser humano en sí mismo, sino en relación a todo el entorno, del que forma parte.

En este camino y aunque está pendiente de un estudio específico, se podría considerar a la naturaleza de la conciencia y el ser humanos –haciendo uso de la homología estructural para la que nos da permiso la teoría sistémica– como compuesta por energía y forma. Se podrían postular los distintos niveles o grados de conciencia desde la óptica de la capacidad del organismo para establecer relaciones cada vez más amplias con el entorno. Quizá el hecho de que tengamos una estructura matemático-geométrica nos acerque a una medición detallada y cuantitativa de la energía necesaria para mantener cada uno de los niveles de abstracción que supone esta teoría. Es posible que el estudio y desarrollo en detalle de la forma (elemento aire, modos de relación con el entorno de cada nivel de abstracción, final y cierre de cada etapa de desarrollo de la consciencia) pudiera darnos, con el tiempo, una estimación precisa de la energía involucrada en ella y una manera al menos indirecta de medirla.

Me permito estas especulaciones (pues no hay motivo para hacer afirmaciones claras ni rotundas al respecto) en base a un intento de ver la naturaleza humana como susceptible de un tratamiento científico; pero no desde la óptica de una consideración miope y harto limitada de nuestro objeto de estudio, sino desde una visión que incluya al ser humano global, adecuada a su naturaleza.

Si esta teoría es correcta implica una visión utópica de la realidad, pues la armonía que se desprende del mandala de la fig. 1 significa un imposible para el razonamiento del cerebro izquierdo. Sin embargo, es la armonía que se experimenta, se tiene y se busca tras la experiencia mística. Hemos de concluir con ello que esta teoría puede estar representando, verdaderamente, la realidad tal cual es (al menos la mejor aproximación que tenemos hasta ahora). Entonces nos hemos de hacer esta pregunta: ¿es que nuestra conciencia está tan limitada que somos incapaces de ver algo que debería ser evidente? Es notorio, desde Khun (1971), que si nos esforzamos por ver la realidad desde una determinada perspectiva (teoría) acabaremos viéndola tal cual queremos. Entonces ¿si la experiencia mística nos sugiere que una visión tal de la realidad podría ser posible ¿por qué no nos esforzaremos en hallar coherencia a esta estructura? En los últimos diez años la respuesta que he encontrado ha sido la contraria, un rechazo sistemático o una indiferencia “militante”. No cabría esperar otra cosa el pensamiento racionalista imperante, pero ¿vamos a seguir empeñados en ver las cosas al estilo racionalista? Una utopía, pero con una estructura matemática y geométrica, implica una conciencia diferente de la realidad. Quizá esta utopía es posible si cambiamos nuestra forma de pensar. Esta visión de la realidad no sólo es matemática, es también poética. Para acceder a ella se necesitan no sólo el rigor del cerebro izquierdo, sino también la creatividad, la actitud vitalista, el sentido visionario del futuro de un artista, un pintor, un profeta..., la personalización creativa de nuestro mundo, tal como nos enseña Hillman (1999).

Conclusiones

Lo importante del esquema dodecanario podría resumirse en los siguientes puntos:

1. Revelaría que la naturaleza humana está sujeta, en su evolución, a unos ciclos armónicos y coherentes.
2. Cada uno de estos ciclos sería como una capa que se agregaría al núcleo original y ala correspondencia entre fases semejantes de ciclos o etapas distintas, sería mutuamente reveladora.
3. La propia estructura cíclica con que se presenta el devenir humano, es coherente con el resto del los fenómenos de la naturaleza (tanto animados como inanimados).
4. Este enfoque de la cuestión está de acuerdo con los postulados de la sinergética o teoría del caos (la organización de estructuras complejas como opuesta a la entropía (Haken, 1986, Progogine 1983), de la teoría de sistemas (la homología estructural entre todos los niveles de la realidad (Bertalanffy), con los del paradigma holográfico (en la parte está el todo, (Weber, 1987) y con la epistemología cibernética (todo tipo de oposiciones –físicas, psíquicas, ideológicas, sociales...– configuran un proceso recursivo que da lugar a nuevo nivel de comprensión y de conciencia (Keeney, 1979). Podría estar revelando la existencia de un mecanismo complejo y profundo en la naturaleza.
5. Existe la posibilidad de que el esquema pudiera ser adoptado y ampliado por otros enfoques del fenómeno humano (biológico, médico...).
6. Acaso un esquema como el presente pudiera ser aplicado, con las modificaciones pertinentes, a los procesos evolutivos de algunas especies animales, con lo que dispondríamos de un sistema comparativo lleno de posibilidades.
7. Al estar avalado tal esquema por una formulación matemática, pudiera abrir el camino para posteriores desarrollos y estudios de naturaleza precisa, y, acaso, a un mayor acercamiento a las ciencias clásicas más objetivas.

Sinesio Madrona Rodenas
sinesiomr@inicia.es

Para obtener una versión científica en línea con las investigaciones de la Ciencias de la Complejidad visite http://usuario.tiscali.es/autoorg.conciencia

 

 

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Bibliografía personal

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