La espiral evolutiva,
el desarrollo de la consciencia
en un marco universal de leyes - Parte 2
Por Sinesio Madrona Rodenas
La fórmula matemática
Debo hacer algunas aclaraciones para los lectores que se asustan ante las matemáticas. En este terreno matemático lo más importante no es la fórmula en sí, sino la configuración geométrica en la que se sustenta. La fórmula matemática es la de una simple curva espiral y da cuenta de que los tiempos de desarrollo se van dilatando con la edad y del hecho de que al ser una espiral vuelve sobre las mismas fases. La descripción de los procesos que tienen lugar en el desarrollo humano se apoya más en el gráfico que resulta de la configuración geométrica, algo mucho menos árido que una función matemática. La existencia de la espiral implica que las fases de la madurez repiten ciertos esquemas de la infancia. Pero el alejamiento gráfico tiene una interpretación simbólica y es que, por ejemplo, el origen de las fases prepersonal (1ª fase Piscis) y transpersonal (2ª fase Piscis) es el mismo, pero en un nivel diferente de realidad, lo que explicaría por una parte la confusión entre ambas fases y por otra el hecho de que haya entre ellas tantas similitudes. En las fases de la segunda vuelta se estaría reconstruyendo lo que tuvo que ser separado en la primera por necesidades evolutivas de crecimiento. No hay que fijarse tanto en el aspecto matemático como en el aspecto gráfico, pues, a mi entender, esta representación resuelve algunas incógnitas de la naturaleza del desarrollo humano.
La formulación matemática del proceso surgió a posteriori. Cuando estaba terminando la descripción del primer ciclo de la espiral, los tiempos que me estaban surgiendo de la comparación de la descripción caracteriológica y evolución climática de cada arquetipo con los procesos de crecimiento y desarrollo que describe la psicología evolutiva sugerían un proceso espiral. Le di los datos a Arturo Mata y él encontró la siguiente fórmula matemática que describe con perfección el proceso:
Edad = 1/60 (J2/90 + J)
donde J es el ángulo recorrido para una determinada edad.
El hecho de que la curva resultante sea una espiral es también, en sí, simbólicamente significativo. La espiral y el helicoide surgen tras la aplicación de un vector al trazado de una curva. El vector es un símbolo masculino y la curva es un símbolo femenino. La espiral, como curva resultante de la interacción entre un elemento masculino y otro femenino es una figura masculino-femenina y como tal un símbolo de integración de fuerzas, estructuras, principios... opuestas (esta idea también me fue comunicada por A. Mata). El hecho de que en la naturaleza y en el cosmos la espiral –y el helicoide– sean formas frecuentes es un indicio de que existe una búsqueda de equilibrio que tiende a estabilizar las tensiones y representa un símbolo de madurez y logro en los distintos niveles de la realidad. Por otra parte esta espiral se desarrolla sobre un fondo que consiste en una estructura geométrica circular dividida en doce sectores. Cabe señalar que si existe algún mecanismo o representación en la naturaleza que pueda encontrarse en todos los niveles de la realidad éste ha de ser lo más abstracto y general posible y el aspecto más abstracto posible de la forma es el geométrico. La estructura espiral es de amplia difusión; desde las galaxias a numerosas formas biológicas, pasando por el helicoide del ADN, que responde –como la espiral– al efecto de un vector aplicado sobre el trazado de una curva, sólo que, en este caso, en sentido ortogonal al anterior.
El resultado de la conjunción de la espiral matemática y la estructura geométrica se muestra extraordinario. En este estructura cada fase del crecimiento humano viene expresada gráficamente por un arco de 30º y el tiempo que le corresponde lo cuantifica el desarrollo de la curva espiral. Así se empieza por una primera fase de 8 meses siendo la duración de las subsiguientes el resultado de un incremento constante de 4 meses. Por consiguiente las frases que siguen son de 12, 16, 20, etc., meses. Esta secuencia inmersa en la estructura geométrica del mandala astrológico, se muestra extraordinariamente coherente con los procesos evolutivos, hasta el punto de que todos los procesos que tienen lugar en el desarrollo humano (incluidos los biológicos de la gestación, desarrollo puberal y menopausia, cuya objetividad es indiscutible) responden a la simetría central mencionada.

Fig. 2. Curva espiral de la resultante positiva de la fórmula
que describe el desarrollo humano en la teoría dodecanaria.
La fig. 3 es una representación de las fases en la estructura dodecanaria. El número encerrado en un círculo es el ordinal de la fase, los números emplazados en los radios son datos de edad. En el gráfico estos datos se han dado en números enteros para mayor facilidad visual y mnemotécnica. Cada fase está comprendida entre los datos de edad que la circundan.

Fig. 3. Esquema de fases y edades que abarcan (datos de edad en números enteros)
A continuación se expone una lista con los datos de edad exactos entre los que discurre cada fase. Las fases han sido denominadas de acuerdo al aspecto principal que tiene lugar en el desarrollo en ese momento de la vida. En la columna de la izquierda están los datos del primer ciclo vital tal como se considera en este estudio. En la columna de la derecha están los del segundo ciclo. La superposición de las fases del segundo ciclo sobre las del primero implica semejanzas estructurales y comportamentales. La consideración geométrica (que no matemática) de una 1ª fase Piscis prenatal a la que se superpone la 2ª fase Piscis es coherente con las observaciones efectuadas en este estudio que más adelante se exponen.

Es notorio citar que varios psicólogos señalan analogías entre distintas fases que quedan justificadas en esta espiral. Por ejemplo Gesell (1985) señala una similitud sorprendente entre el mundo ideacional del niño de 2’5 años [Géminis] y el adolescente [Sagitario]. Similitud que aquí queda reflejada en la oposición de las fases correspondientes. Rappoport (1986) por su parte señala una notoria semejanza entre la vejez y la adolescencia. Estas dos etapas quedan superpuestas en esta espiral al corresponder con una primera y segunda vuelta por la fase Escorpio. Es también necesario señalar la importancia de lo social en la adolescencia (descubrimiento del otro) y en la vejez (necesidad de estímulos sociales) cosa que también queda reflejada en esta disposición espiral del desarrollo. Hay muchas sorprendentes armonías en esta teoría del crecimiento humano.
Teoría sobre la razón intrínseca de esta estructura
Esta disposición del proceso evolutivo permite establecer una serie de correspondencias, dialécticas y subestructuras cíclicas que son las que le dan la razón de ser y muestran el fenómeno humano como algo de una naturaleza, posiblemente, más regular y armónica de lo que podíamos pensar. Estas subestructuras se pueden definir y representar por figuras regulares inscritas en el círculo, es decir semicírculos, triángulos, cuadrados, hexágonos, diámetros, etc. Después de haber estudiado y establecido esta estructura surgió la necesidad de encontrar una explicación a esta regularidad.
Propongo la existencia de unos subciclos de la libido que se van repitiendo periódicamente a lo largo de la vida del individuo. Estos ciclos están formados por cuatro fases que responden a los estadios de la libido señalados por Freud como: libido primordial [agua], catexis del yo [fuego], ligazón al objeto [tierra] y ligazón a la representación del objeto [aire] (Laplanche y Pontalis, 1971). En mi estudio estos cuatro estadios están sacados de su contexto psicoanalítico y trasladados al contexto evolutivo. Asimismo existe una variación en la interpretación de la primera fase, la de la libido primordial, pues no se considera tanto vinculada o fijada en las llamadas zonas erógenas como un concepto más general y global relacionado con el inconsciente y con los procesos biológicos que tienen lugar en el crecimiento del ser humano. Estaría más en la línea de la psicología de Jung.
En el contexto de la Espiral Evolutiva se pretende señalar con estas fases ciclos completos de desarrollo que se irían repitiendo a lo largo de la vida del ser humano. Ver fig. 4. Sería la recurrencia de estos ciclos la que da la razón profunda a la armonía que se observa en el crecimiento del ser humano desde la perspectiva de la Espiral Evolutiva.
En los estudios mitológicos de Jung también se encuentran, aunque con mayor dificultad, estas cuatro fases: la caverna del dragón, el descenso al Hades, el vientre de la ballena, etc., para la fase agua; las acciones y luchas del héroe, el encender fuego, el enfrentamiento al peligro, etc., para la fase fuego; los objetos –mágicos o no– que el héroe utiliza en su empresa o los que le ofrece alguna deidad protectora para la fase tierra, y la salida fuera de la gruta, del vientre, de las profundidades e, incluso, la aparición de seres celestes que elevan al héroe para la fase aire (Jung, 1982).

Fig. 4: subciclos de la libido en la espiral evolutiva.
Basándonos en la idea de Jung de la regresión evolutiva y adaptándola al contexto de la psicología evolutiva, cabría señalar que cada vez que entramos, en el curso del desarrollo, en una fase agua, que aquí relacionamos con la libido primordial de Freud o la caverna del dragón en Jung reiniciamos el ciclo evolutivo con una vuelta al principio. Esta vuelta está suficientemente clara si pensamos que en dos ocasiones tiene que ver con procesos biológicos (pubertad y menopausia), el otro proceso biológico que existe en estos subciclos de la libido es el propio inicio de la vida con la gestación. En las dos fases no señaladas por procesos biológicos hay fuertes regresiones e intensos conflictos con el inconsciente. Son la fase edípica [Cáncer] y la que he señalado como génesis mística (26-30 años) [2ª fase Piscis] en la que se producen fenómenos “subjetivos” sobre los que han llamado la atención distintos psicólogos como Frenkel-Brunswick (1968) y Gould (1972), y que Wilber (1991) señala como el comienzo de las primeras fases del desarrollo espiritual. Dada la constancia biológica de las otras tres fases cabría apuntar la posibilidad de que en estas dos no señaladas notoriamente por procesos biológicos se pudiera dar algún cambio mínimo de tipo hormonal u otros, que habría que buscar específicamente para hallarlo, si es que acaso existiese. Esta predicción confirmaría la espiral, aunque su carencia no la negaría.
A partir de esta vuelta al principio las fases siguientes irían repitiendo los procesos tan claramente distinguidos por Freud hasta llegar a la fase de aire del subciclo (la ligazón de la libido a la representación del objeto) en la que se vendría a tomar consciencia –en mayor o menor medida– de todo el subciclo anterior. Es decir, cada uno de estos subciclos representaría un nivel del desarrollo de la conciencia (bebé, niño, adulto...) con una orientación en el mundo radicalmente diferenciada. Cada regresión evolutiva significaría, pues, una conexión con los “orígenes de la vida” para desarrollar un conocimiento más amplio y profundo de la naturaleza de la realidad (lo que llamamos un nivel de conciencia diferenciado de esa realidad). Esta forma de ver las cosas también estaría de acuerdo con la teoría rentroprogresiva de Pániker (1987).
Relaciones estructurales
A continuación se exponen las relaciones estructurales de esta teoría de acuerdo al mandala astrológico. Debo hacer notar, nuevamente, que el desarrollo teórico de este esquema es incipiente y que en él existen fases contrastadas por los estudios de psicólogos evolutivos que las han estudiado y otras no tan específicamente configuradas debido a que el esquema que propongo resalta fases que, en muchos casos, han sido genéricamente incluidas en otras más amplias, sobre todo en la adultez y la ancianidad. Entiendo que lo más importante en este esquema no es tanto el dato aislado sino la coherencia del conjunto. Hechos o datos que, de otra manera, pudieran no ser relevantes, adquieren, desde la perspectiva del conjunto, una importancia singular confirmando así toda la estructura. Es decir, debemos de dejar de lado la visión en newtoniana de un punto aislado y tratar de verlo desde la perspectiva de un conjunto de relaciones, tal como es más propio del pensamiento astrológico.
Agua. Primera fase del subciclo de la libido. La primera fase freudiana de la libido traducida al sistema de la espiral evolutiva da lugar a etapas periódicas en las que el individuo tiene un contacto profundo con el inconsciente, con lo biológico, con los conflictos derivados de las emociones que se producen en esas circunstancias (el descenso del nivel de conciencia), con los lazos profundos que implican esas situaciones, etc. Estas etapas son las siguientes: el desarrollo intrauterino [1ª fase Piscis], el conflicto edípico [1ª fase Cáncer], el desarrollo y conflicto puberal [1ª fase Escorpio], la que he llamado génesis mística (esta fase cae sobre el sector en el que tiene lugar la gestación) [2ª fase Piscis] y la crisis menopáusica [2ª fase Cáncer]. Se podría considerar una última crisis, la del óbito [2ª fase Escorpio] siempre que se confirme que la fecha señalada en la espiral tiene un efecto drástico sobre la vida (ver más adelante el apartado: “El ciclo vida-muerte”).

Fig. 5: disposición triangular de las fases derivadas del primer estadio de la libido
La posición geométrica de la fase de la génesis mística sobre el mismo sector que tiene asignada la gestación en el primer ciclo tendría un enorme significado [1ª y 2ª fases Piscis]. Estudiosos de psicología
evolutiva (Frenkel-Brunswik (1968) y Gould (1972)) sitúan al final de los años veinte una gran abundancia de “experiencias subjetivas”. En mis investigaciones he encontrado que pueden ser numerosos los acontecimientos que produzcan en el ser humano una experiencia que, eventualmente y no sin trabajo, podría conducir al desarrollo de la conciencia transpersonal: un periodo de retiro o trabajo muy aislado, una pérdida afectiva muy sentida o la pérdida del estímulo que la vida proporcionaba años antes; interés por cuestiones espirituales, humanitarias, esotéricas, yoga, vegetarianismo...; una enfermedad propia o de un familiar muy cercano, etc. etc. En fin los sucesos pueden ser infinitos de acuerdo con la multidimensionalidad de significados del arquetipo de Piscis, pero el resultado general es una nueva perspectiva de la vida; aunque la conciencia de esa nueva perspectiva puede no ser obvia hasta muchos años después, en teoría hasta la 2ª fase Géminis (4045 años, dual consciente), final del subciclo de la libido en el que se encuentra esta fase de la crisis mística.
Lo importante de este esquema es que estas fases quedan ubicadas en el tiempo por la fórmula de la espiral y en el espacio por la geometría dodecanaria. Todas estas fases forman un triángulo equilátero. Es decir, su incidencia media se presenta con una regularidad asombrosa una vez aceptado el proceso ralentizador del tiempo que la espiral matemática revela en el desarrollo humano. Es de destacar en esta triangulación que en ella se establece tal relación entre tres hechos absolutamente objetivos, no sujetos a interpretación, como son los procesos biológicos de la gestación, la pubertad y la menopausia.
Sinesio Madrona Rodenas - sinesiomr@inicia.es
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