¿Cómo se le ocurrió editar una revista de Astrología?
A mediados de la década del ’80 llegaron a mis manos varias revistas extranjeras sobre Astrología. Fascinado por el material empecé a buscar en el país alguna revista que hablase sobre el tema con seriedad. En ese momento estaba en auge la revista Astrología del CABA, pero a pesar de su buen nivel no llegaba a cubrir mis expectativas con respecto a lo que había visto.
Fue así que –cuando Plutón entró a Escorpio– escribí a una editorial de publicaciones periódicas, planteando la cuestión de porque no existía en Argentina una revista de Astrología al estilo de las extranjeras y enumeraba las características positivas de cada una de las existentes en otros países. Al poco tiempo, se publica Astral que dura solamente 16 ediciones, pero que igualmente no cubría lo que yo pretendía.
Corría el año 1986 cuando Gloria Pubill, edita en España la reconocida revista Mercurio 3 y un año después Tem Terriktar publica en EE.UU. The Mountain Astrologer, publicaciones que coincidían –en cierta forma– con lo que estaba buscando.
Años mas tarde –después de haber estudiado en distintos lugares Astrología Tradicional y Predictiva, mientras complementaba mis conocimientos cursando el 4º año de Casa XI (institución de enseñanza astrológica en Argentina)–, tomo la decisión de concretar definitivamente esa idea que había rondado por mi mente durante tanto tiempo.
Y es así, que habiendo recibido la colaboración de algunos astrólogos extranjeros como John Crawford, Bernie Ashman, Carol Voethe Lavoie, Mary Beim, Lynn Koiner, y la valiosa colaboración de la Lic. May de Chiara, Lic. Laura Cagnoni, Lic. Gisela Farias y Claudia Aboaf, logro plasmar –en la Primavera de 1993– ese sueño de una revista argentina de Astrología de gran tamaño.
Porque hasta ese momento solamente se habían publicado revistas astrológicas de tamaño libro –Astrología (del CABA), Técnica Astrológica (de Omar González), Spica (del Dr. Spicasc), Urania y Delphos (de Liliana Ortiz), Sayana, y otras más. Todavía recuerdo como el astrólogo y esoterista Luis Juárez, de la añorada librería esotérica Biovisión, me decía “me encanta la revista y puede llegar a tener mucho éxito, pero a quien se le ocurre hacerla en tamaño carta, es demasiado grande para lo que está acostumbrado el astrólogo”. Por suerte se equivocó en su apreciación y mi visión fue bastante mas acertada.
Mayúscula fue mi sorpresa cuando encuentro en una Mercurio 3 del año ‘94 un loable comentario a la publicación del primer número de la Revista Astrológica
en Buenos Aires, en el cual nos auguraban y deseaban que vaya creciendo en calidad y diversificación de contenidos como así también en extensión. Creo estar cumpliendo con el augurio deseado por esa prestigiosa revista. Ignoro como llegó esta información a sus responsables, pero realmente fue una satisfacción y alegría muy grande su devolución.
¿Hay algo especial que recuerde de aquel Número 1?
Recuerdo que fue un esfuerzo descomunal concretar el primer número de la revista. Idas y venidas, corridas, complicaciones, dificultades, con el contenido, con la traducción, con la diagramación, con la imprenta, infinidad de trabas que hubo que atravesar y superar para que ese sueño neptuniano pasase de Piscis a Aries y lograse salir a la luz haciéndose realidad.
La repercusión y acogida fue muy buena en todo el ámbito astrológico.
Lamentablemente la excelente revista del CABA había cesado su publicación
debido al fallecimiento del recordado Eloy Dumón, por lo que
MEDIUM COELI pasó a llenar un vacío en la comunidad astrológica argentina. Causalmente,
fue el momento oportuno para sembrar la semilla, justo cuando Urano y
Neptuno estaban en conjunción.
El primer número fue muy especial, ya que había que hacer todo nuevo, crear un estilo, construir una plataforma, generar un buen nivel, convocar a astrólogos que quisieran acompañar la aventura. Porque en realidad era toda una aventura, digna de la energía de Aries, el inicio, el comienzo, todo nuevo, sin base, sin continente, sin respaldo, era como “salir a pelear contra los molinos de viento”, como hacía “Don Quijote” en aquella famosa obra de Miguel de Cervantes. Papeles y más papeles, propuestas y más propuestas, ríos de tinta buscando cómo establecer los lineamientos de la revista. Muchos quedaron en el tintero, pero muchos otros llegaron a buen puerto y tomaron vida.
¿Qué diferencias encuentra en el ámbito astrológico local
entre aquella época y la actual?
- En aquella época no existía ninguna revista argentina escrita por astrólogos para astrólogos donde se sintiesen representados y pudiesen volcar sus conocimientos e investigaciones, y es por eso que MEDIUM COELI pasó a cubrir esa necesidad que había en el ámbito astrológico de un material de consulta que los informase y que a la vez los formase y/o los ayudase a movilizar y solidificar los conocimientos astrológicos que hubiesen aprendido.
- Tampoco existían los Congresos de Astrología, que recién hicieron su reaparición en 1995 con los de Lidia Agüero y en 1997 con los anuales de Silvia Ceres –GeA–, los ASTRO-WORKSHOPS en 1998 –sobre Astrología Predictiva y sobre Astrología Psicológica y Humanista– organizados por mi –Jorge Mele– y por el Dr. Spicasc, los de Capilla del Monte por Félix Novella Koo, los de Sociedad Argentina de Astrología –en Rosario, Bariloche y Buenos Aires– por Hugo Bonito, el de Salta por Mario Raskovsky, la Jornada Internacional de ISAR por Claudia Rizzi y las Jornadas Astrológicas del CABA por Jerry Brignone y Norma Amor.
- Ninguna editorial argentina se había posicionado tan fuerte en la publicación de libros de Astrología de autores argentinos como sucede actualmente con Kier –librería esotérica emblemática por donde astrólogos y estudiantes de Astrología en algún momento hemos transitado– y la colección Nova.
- Con respecto a la enseñanza ya existían las tradicionales Escuelas de Astrología del CABA (1961) –dirigida actualmente por Norma Amor y Jerry Brignone–y de Casa XI (1987) –dirigida por Eugenio Carutti–, pero también la de Marta Cohen y la de Jorge Bosia –el Proyecto Trenkehue–, a las que se agregaron la Escuela de Psicología Astrológica de la Lic. Cristina Vallejos, la Escuela de Astrología Zona Norte de Leonor Nietzschmann, el Centro Copérnico de Kuky Ghirlanda y Sofía Guinzburg, la Escuela de Mariano Quintas, la Escuela de Beatriz Leveratto, la Escuela de Paula Sorrentino, la Escuela de Liliana Ortiz–, el Centro de Astrología y Counseling de Claudia Rizzi, la Escuela de Astrología de Quilmes de Alejandra Eusebi, el Collegium Astrologicum de Patricia Kesselmann y Eduardo Gramaglia y otras más.
- Tampoco existían programas de Astrología argentinos, y actualmente contamos con dos excelentes programas realizados totalmente en el país –el “Meridian” y el “Cruz del Sur”–. En ese momento trabajábamos con el legendario “Astrocalc”, el “Blue Star” que más tarde fue reemplazado por el “Winstar” –ambos de Matrix– o el “Io” de Time Cycles Research para Macintosh. Recuerdo que mis primeras Cartas las hice con este programa –considerado uno de los mas avanzados programas que se podían conseguir–.
- Tampoco existían lugares como Latitud 34 ni Astrobar donde uno pudiese ir a tomar un café, hojear un libro de Astrología y encontrarse con otros astrólogos amigos.
- Ni hablar de Internet ni la World Wide Web, recién estaba en sus primeros pasos, por lo que no existía el aluvión de información que existe actualmente, ni las listas de correo en castellano (como Ptolomeo o Astrocuantica), ni los foros, ni los Newsgroups, ni los Newsletters, ni los sitios web astrológicos, ni los portales, ni los videos astrológicos, ni los blog, ni …
Era otro mundo; recuerdo que mis primeras indagaciones con respecto al
material astrológico existente en otros países -y que mucho más adelante
desembocaron en la creación de la revista- se dieron en el Centro Cultural
de EE.UU., donde muchos días me tomaba la hora del almuerzo para indagar
sobre libros, asociaciones, revistas y muchísimas cosas más sobre
Astrología.
- Tampoco existía en el país la representación de una entidad astrológica extranjera como sucede en la actualidad con la prestigiosa ISAR y la tutoría de la Escuela Huber.
- Recuerdo que era tan difícil conseguir un Font astrológico, que tuve que diagramar –con un programa de diseño– cada uno de los símbolos astrológicos para poder utilizarlos en uno de los artículos que tenía que publicar.
- Lo que si habían en ese momento eran muchas conferencias de Astrología, además del CABA, ya que el Dr. Spicasc, Omar González, David Elnecavé, Santiago Podestá, Armando Disante, Santiago Miguez, José Kesseru y otros, solían organizar las suyas.
- En el barrio de Belgrano existía una pintoresca librería esotérica que
acogía a todo interesado en Astrología, con una cordialidad y calidez tal
que hasta astrólogos de otros países solían visitarla a menudo. Me refiero a
la recordada Hypatia (de Betty López), que desapareció con su nueva dueña
Ana Mendoza. Pasó lo mismo con la librería esotérica Biovisión que también
desapareció.
- Tampoco existían las asociaciones de Astrología, que habían hecho su primer intento en 1983, y actualmente existen dos: la Asociación Argentina de Astrología (AAdeA) y la Sociedad Argentina de Astrología (Astroar).
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