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Holografía Sincronicidad y arquetipos Matriz astrológica Conclusiones

 

La Astrología como lenguaje poético y sagrado


Otra forma válida de entender la Astrología consiste en definirla como un lenguaje, acaso como un lenguaje sagrado. Una forma de acercamiento propio del cuadrante inferior izquierdo, el del “Nosotros” inter-subjetivo (Ver Figura 1).
En la evolución de la conciencia llega un momento en que la influencia de la cultura y el lenguaje adquiere un papel fundamental. Los semiólogos nos han hecho notar que la percepción de la realidad está condicionada por la estructura del lenguaje. Éste determina, sin que nos demos cuenta de ello, nuestra visión del mundo. Su propia estructura (en términos de sujeto/predicado) moldea el pensamiento forzándonos a pensar en términos de causa y efecto.
Joseph Jaworski dice que a través del lenguaje creamos el mundo, porque éste no es nada hasta que lo describimos. No describimos el mundo que vemos sino que vemos el mundo que describimos. Sólo existimos en una trama de relaciones.
Conforme se desarrolla el lenguaje nos trasladamos al mundo de los símbolos, las ideas, los conceptos, elevándonos de los instintos primarios. El lenguaje es el medio que nos saca del presente inmediato y nos lleva al pasado y al futuro (memoria, proyectos). Es la única manera de referirnos a aquello que no está presente.
Los seres humanos vemos todo a través de una grilla simbólica o semántica que impone su propia estructura a aquello que describe.
Los biólogos chilenos Maturana y Varela dicen que el mundo que todos vemos no es “el” mundo sino “un” mundo alumbrado por todos nosotros. Nosotros lo creamos a través de nuestra cognición.

Sin embargo, la Astrología es un tipo particular de lenguaje, su estructura no es lineal sino mandálica. Es un lenguaje cuyo estudio nos permite acceder a un conocimiento al que difícilmente podríamos acceder por otros medios. Al ser mandálico, puede proyectarnos a niveles transverbales, siempre y cuando podamos trascender las paradojas que necesariamente se presentan al encarar lo mandálico desde lo lineal, o lo transverbal desde lo verbal.
Como lenguaje sagrado nos conecta con realidades superiores, ya que su simbolismo tiene la capacidad (como Hermes) de relacionar diferentes niveles de existencia, trayendo y llevando información en ambos sentidos.

La escritora Yaiza Martínez Montesdeoca dice que “el lenguaje poético es la creación de un mapa del mundo que no tiene nada que ver con el lenguaje argumentativo, atrapado en el concepto de linealidad y progreso”.
Y como ocurre en el poema ocurre en la realidad y en la Astrología: el Todo está en todo. El lenguaje astrológico es poético en el sentido que nos brinda un conocimiento trans-mental de las paradojas, apareciendo en nuestra conciencia un universo no lineal. La polisemia de cada símbolo astral hace emerger universos de sentido que nos llevan a una realidad distinta de la habitual pero no por eso menos real. Propio de la polaridad Virgo/Piscis y Mercurio/Neptuno, el lenguaje poético es un intento de la conciencia de ordenar el caos.
La poesía es mayor que el poeta así como la Astrología es mayor que el astrólogo. Si el intérprete no se deja atravesar por el lenguaje, su interpretación quedará vacía y desalmada. Si el ego se apodera de la forma se pierde el vínculo con el lenguaje original. El astrólogo, como el poeta, debe ser conciente de la naturaleza de la herramienta que utiliza y permitir que que el lenguaje astrológico haga uso de él al mismo tiempo que trabaja con él.

Astrología matricial

El astrólogo y filósofo francés Patrice Guinard presentó su tesis doctoral con la obra “Astrología, el Manifiesto”. En ella sostiene que la Astrología posee un modo de razonamiento propio, la razón matricial, que no es asimilable por la razón experimental de la ciencia ni por la razón discursiva de los filósofos. Ella no busca explicar un fenómeno ni interptretar datos sino comprender una realidad subyacente.
Hay una estructura (la matriz astrológica) que preexiste a los sistemas de interpretación y a sus contenidos específicos. La matriz astral no proviene del razonamiento ni de la experimentación sino que surge de un trasfondo psíquico, como algo que se va desvelando en función del estado de comprensión de la conciencia que la aprehende. Su estructura no proviene de la reflexión ni de la experiencia sino del espíritu. Esta matriz aparece en la conciencia porque la propia psiquis está impresionada astralmente con esa estructura, en un proceso en que se puede llegar a conocer lo inaccesible por lo accesible, pues en su raíz se encuentran los mismos arquetipos.
Opina que la realidad aparece en la conciencia según tres modalidaes diferentes: como entidad física (aprende la realidad a través de los objetos), mental (aprende la realidad a través de los signos o señales) y psíquica (aprende la realidad a través de la totalidad del ser psíquico).
A cada una de estas modalidades corresponde una estructura arquetípica:
• el Cristal o estructura empírico analítica (ciencias físicas)
• el Código o estructura histórico hermenéutica (lingüística, semiología, sociología, etc.)
• la Matriz o estructura psico-sintética (Astrología)
La comprensión astrológica difiere tanto de la explicación de las ciencias duras como de la interpretación de las ciencias humanas.

Volviendo a Ken Wilber, en su libro Los tres ojos del conocimiento (1983) apela a una metáfora de un místico cristiano del siglo XIII, san Buenaventura, según la cual cada uno de nosotros disponemos de tres “ojos”; el ojo de la carne, el ojo de la razón y el ojo del espíritu o de la contemplación. Cada uno de los cuales nos permite acceder a un dominio diferente de la realidad.

3- Ojo del espíritu – Ciencias espirituales (Yoga/Meditación/Contemplación)
2- Ojo de la razón – Humanidades, ciencias sociales
1- Ojo de la carne – Ciencias naturales

El significado y el valor no pueden percibirse con el ojo de la carne, pero para el ojo de la razón son tan verdaderos como los objetos sólidos. Las verdades espirituales no pueden ser comprendidas para el intelecto, sino tan solo para el ojo de la contemplación, facultad que va más allá del intelecto (pero que no lo niega).

Es evidente la relación entre las estructuras de Guinard y las de Wilber, la diferencia es que el francés ubicaría a la Astrología como una ciencia espiritual: “Es un saber que funciona fuera de los límites de la razón discursiva y del pensamiento dualista, más allá de la simple interpretación de lo visible a partir de señales mentales, y que nace de una llamada a una razón más amplia, de una apertura del espíritu a todo el potencial psíquico”.

 

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