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El Dr. Jekyll y Mr. Hyde:
un testimonio del difícil vínculo
entre Saturno y Marte/Plutón

En una Londres fantasmal de 18... el respetado Dr. Jekyll logra una pócima que lo transforma en otra persona, en alguien que reúne y expresa los más bajos instintos, aquellos que deber ser reprimidos y ocultados a los demás. Con el tiempo la segunda personalidad, Mr. Hyde, empieza a tomar el control, generando tal clima de terror que le obliga a tomar una decisión definitiva: el suicidio. En este artículo analizaremos la famosa obra de misterio desde una perspectiva psico-astrológica. Para profundizar en la misma tocaremos diferentes temas, como la mitología, la psicosíntesis, el concepto de sombra y el de núcleos energéticos, como así también la carta natal del humanitario Dr. Albert Schweitzer. Veremos que Saturno, Marte y Plutón pueden darnos pistas para entender la trágica disociación de la personalidad que llevó a Jekyll a la muerte, pero que también podría haberle deparado una vitalidad de una potencia arrolladora.

(El texto completo se encuentra publicado en la revista )
+ Información

 

"A pesar de tan profunda dualidad, yo no me sentía hipócrita, mis dos partes eran totalmente espontáneas; no era menos yo cuando, apartados los frenos, me precipitaba en la vergüenza, que cuando trabajaba a la luz del día en los progresos del conocimiento o para aliviar a los infortunados y a los que sufren (…) Día a día, desde ambos frentes de mi inteligencia, el moral y el intelectual, avanzaba con firmeza hacia esa verdad, cuyo parcial descubrimiento me sentenciaba a tan terrible naufragio: que el hombre no es verdaderamente uno sino dos. Digo dos, porque mis conocimientos no han ido más allá de este punto."

La confesión de Henry Jekyll
Robert Louis Stevenson

 

Introducción

En numerosas oportunidades la literatura fantástica nos muestra con claridad verdades psicológicas de una realidad palmaria. Mediante el uso del símbolo y de la metáfora, éstas narraciones nos hacen experimentar sentimientos y vivencias que son esenciales en el ser humano, y permiten descubrir nuestra más recóndita naturaleza en textos considerados como pura "ficción".
La astrología es un lenguaje que abreva también en el insondable estanque del símbolo y la metáfora -y acaso sea la disciplina que mejor partido saca de ellos-, pues se han logrado profundas y vitales comprensiones a partir de las analogías entre planetas, mitos, signos, leyendas, aspectos, cuentos y novelas.
Es como si la astrología fuera un decodificador de todas las realidades, desde las más concretas hasta las más sutiles. Se trata de sintonizar con una frecuencia en la que haya algo que nos parezca interesante o quizás con esa que, dependiendo de nuestra "antena", sólo podríamos captar.
Fedor Dostoievsky decía que el alma humana es el campo de batalla donde luchan las fuerzas del bien contra las fuerzas del mal; estoy seguro que no hay mejor mapa de ese campo de batalla que una carta natal.
Y El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde es una de las novelas que mejor ha ejemplificado la arquetípica lucha entre el bien y el mal, un tema que obsesiona a la humanidad desde el mismo momento en que se alzó en sus dos piernas para mirar como por primera vez el estrellado cielo, consciente de su propia consciencia y responsable al fin de sus propios actos.
Pero ¿qué entendemos por bien y mal en el contexto de la astrología?. Muchos astrólogos aferrados a una visión medieval de las energías planetarias afirmarán casi dogmáticamente que Venus y Júpiter son el bien, mientras Marte, Plutón y Saturno son el mal. Y seguramente algo de razón tienen. Sin embargo esta es una mirada un tanto obtusa, pues en sí mismos estos "entes" no son ni buenos ni malos; es nuestra limitada visión la que inevitablemente les confiere tal o cual carácter.
Si entendemos a los planetas como funciones que hacen que un proceso pueda llevarse a cabo, dejamos la dualidad bien/mal definitivamente atrás, o por lo menos la ponemos momentáneamente a un costado y entre paréntesis.

Nuestro objetivo en este caso será descubrir en la famosa obra de Robert Louis Stevenson algo que nos permita reinterpretar las relaciones establecidas entre Saturno, Marte y Plutón. Veremos que hay algo importante que se oculta tras la oscuridad de Hyde y la bonhomía de Jekyll, pues tanto en la ficción como en la vida real las cosas no son tan simples como parecen.


La vida interna de una carta natal

Con respecto al análisis e interpretación de una carta astral, podríamos decir que cada maestrillo astrólogo cuenta con su librillo. Si bien ciertos pasos son básicos y existe un protocolo que es aceptado mayoritariamente, el análisis de la carta natal no será neutral pues estará influido por las cualidades humanas y profesionales del astrólogo, como su particular ideología, creencias, formación, sensibilidad y otros varios etc.
Entre otras cosas, la carta natal es un mapa que muestra nuestras diferentes cualidades internas, y de qué manera estas cualidades forman alianzas o enemistades entre sí.
Cuando las energías planetarias o zodiacales son afines tanto por función como por cualidad tienden a agruparse, generando algo así como un "núcleo" que sintetiza el tipo de energía en cuestión.
Al percibir la carta astral de esta manera podemos ver que la consciencia tiende a arquetipizar esos "núcleos energéticos". A partir de allí quedan tres caminos:
La consciencia hace identidad en alguno/s de ellos .
No hace identidad y los proyecta en otro.
Los integra.

Para armar los núcleos energéticos hay que buscar las posiciones planetarias más fuertes que puedan darse en la carta natal, teniendo en cuenta los elementos, las luminarias, los aspectos, las angularidades, etc.
La consciencia intentará juntarlos o alejarlos, lo que el astrólogo debería hacer es desarrollar una mirada sintética que le permita dar cuenta de las semejanzas, las repeticiones y del juego que se genera entre ellos.
Cada núcleo responderá a una energía o función, como así también a un arquetipo pertinente.
Las tensiones entre funciones ejemplifican las tensiones entre los diferentes núcleos. Si se da una armonía entre las funciones se dará una armonía entre los núcleos.
Veamos algún ejemplo cualquiera. Si en una carta natal podemos apreciar un exceso del elemento Tierra, tres planetas en el signo de Capricornio y Saturno en la Casa X, será válido pensar que la cualidad de Saturno es preponderante. Y esto implica frialdad, dureza, cristalización, estructuración, límite, concentración. Como correlato psicológico tendrá que ver con la responsabilidad, el esfuerzo, el deber ser, el super yo, la madurez, la rigidez, etc.
Estas energías o cualidades se arquetipizan en la figura del viejo sabio, el científico, el ermitaño, el jefe de familia.
Si además de este núcleo "saturnino" tenemos, por ejemplo, un Ascendente en Escorpio, Marte en Escorpio en Casa I cuadratura Plutón en Leo, estaríamos hablando de un núcleo "escorpiano" o de uno "Marte/Plutón". Sus cualidades serán las de transformación, potencia, destrucción, desgarramiento, liberación, densidad, etc. Psicológicamente implicará manipulación, sexualidad, deseos obsesivos, poder, violencia.
Como arquetipos podríamos hablar de un kamikaze, un mago, un cirujano o un Ave Fénix.
Obviamente también pueden darse cualquier otro tipo de núcleos, como los solares, lunares, venusinos, acuarianos, mercuriales, etc.
Una vez definidos los núcleos podemos hacer diferentes hipótesis acerca de su probable juego: los núcleos solares pueden aliarse con los marcianos y los lunares con los neptunianos, por ejemplo. A fin de cuentas se trata de simpatías o antipatías naturales.
Si un aspecto duro (cuadratura, oposición, quincuncio) relaciona ambos núcleos, la tensión generada los obligará a dialogar; en el caso anterior por ejemplo, si Saturno y Plutón estuvieran en conjunción(1). Pero aunque no estuvieren conectados por aspecto, el núcleo saturnino por un lado y el Marte/Plutón por otro, harán que la consciencia se polarice, generando un juego que, a priori, desconocemos.

Durante la primera mitad del siglo XX el psicólogo italiano Roberto Assagioli implementó un método terapéutico que bautizó "Psicosíntesis". Entre los principales conceptos que maneja, está el de las subpersonalidades o "Yoes internos". Cada uno de nosotros está compuesto por diferentes Yoes que habitan en el interior de nuestra psique. Y cada Yo tiene sus necesidades, deseos, proyectos, su propia historia personal, su sombra.
Ante tal fragmentación de la personalidad se hace ineludible llegar a una Psicosíntesis, es decir, alcanzar la integración de todas estas subpersonalidades con tal de lograr un objetivo en común; positivo y favorable para todas ellas pero fundamentalmente para la personalidad integrada.
La idea que quiero transmitir por ahora es simple: cada núcleo energético de la carta natal es una subpersonalidad, y en el caso virtual de Henry Jekyll tendríamos una subpersonalidad saturnina y otra marciano-plutoniana.

 

Profundizando en Marte y Plutón

En la mitología grecorromana, ambos dioses tienen un papel protagónico. Sin embargo, hoy diríamos que les hace falta con urgencia un asesor de imagen. Después de todo son los más impopulares de los doce del Olimpo. Marte (Ares) porque es torpe, grosero, violento, sanguinario, inescrupuloso, intolerante y terco(2). No es mejor la imagen de Plutón (Hades), ya que confinado en las entrañas de la tierra, está rodeado por oscuridad, almas en pena y monstruosos colaboradores.
Plutón es el único que parece poseer cierta estima por Marte (exceptuando a Venus, quien siente una libidinosa atracción por él), pues es el que se encarga de poblar su tenebroso reino con las víctimas que en cada guerra o altercado le propicia.
Marte era el hijo de Júpiter (Zeus) y de Juno (Hera) y sobrino de Plutón. Recordemos también que Plutón fue uno de los que luchó codo a codo con su hermano Júpiter para someter al viejo Saturno, su voraz padre.
En una oportunidad Marte le hizo un gran favor a su tío. Resulta que Sísifo, el astuto rey de Corinto, apresó en un calabozo a la mismísima Muerte (Tánatos); por largo tiempo nadie moría en el mundo y Plutón estaba desesperado. Marte liberó a Tánatos y su primer víctima fue Sísifo quien, engañando a Plutón mediante una estratagema, consiguió escapar del Infierno por un largo, largo tiempo. Al morir, ya anciano, Sísifo descendió al reino de Plutón por segunda y definitiva vez, encontrándose con una tarea que Plutón había pergeñado largamente. Y el castigo es de un simbolismo bien capricorniano: Sísifo aún hoy está empujando un enorme piedra montaña arriba, que siempre se le escapa de las manos cuando está cerca de la cima. Así, eternamente desciende por la ladera para retomar la piedra y el ascenso, sin descanso ni objetivo alguno.

En astrología, Marte y Plutón son los regentes del signo de Escorpio. Algunos autores sostienen que Plutón es la octava superior de Marte. Dane Rudhyar dice "a la acción intensamente personal de Marte, Plutón contesta con un impulso colectivo de actividad", por su parte Stephen Arroyo afirma "Plutón simboliza una clase de energía que puede usarse creativamente sólo cuando quien la usa está suficientemente orientado en el orden espiritual". Robert Hand no parece estar tan de acuerdo con la regencia de Marte sobre Escorpio, señalando que Marte es fogoso y extravertido mientras Escorpio (y Plutón) son introvertidos e intensos. Howard Sasportas equipara a Marte con la voluntad personal y a Plutón con la voluntad del Sí mismo más profundo.
En general se coincide en que ambos tienen que ver con el impulso, la acción y la voluntad; en un caso será personal (Marte) y en el otro transpersonal o colectivo (Plutón).
Por tanto, ambos planetas son coherentes entre sí ya que lo que hacen es liberar energía (tal sería la función de Escorpio dentro del sistema zodiacal); el tema es que esa energía se exterioriza en forma compulsiva y exagerada pues tiende a traspasar todo límite y a colapsar las estructuras. ¿Pero quien dice que es compulsiva y exagerada? Pues Saturno, ya que esta manifestación de energía atenta contra su misma esencia.
De esta manera comienzan a generarse dos polos en la conciencia que se refuerzan uno a otro. Saturno querrá regular o bloquear la virulencia de Marte/Plutón, que en cuanto se sienta contenida no hará otra cosa que redoblar la virulencia, a lo que Saturno triplicará sus rigideces… y así sucesivamente en una espiral de tensión. Así, la crueldad del "carcelero" será directamente proporcional a la furia de la "bestia".
Marte y Plutón representan los niveles más vitales y las pulsiones más básicas de la vida que deben ser censuradas por Saturno. Pulsiones salvajes que son entendidas como "el mal". Es la potencia destructiva en su máxima expresión, terrorismo astrológico que se expresa y mata. Por eso también tiene que ver con los kamikazes, con Al Qaeda y con todo lo que implique morir deseando o desear la muerte (sobre todo cuando se tiene una inclinación hacia lo trascendente).
En general, tanto lo escorpiano como Marte/Plutón gastan la mayor parte de la energía intentando retener su propia energía, pues presienten que si le dan rienda suelta pueden llegar a destruir o a destruirse a sí mismos. Pero con un Saturno operativo la persona destruirá solamente lo que es necesario, de lo contrario no destruirá… o lo hará excesivamente. Le faltará "timming" y sentido de la proporción.
Acaso lo primero que hay que hacer es registrar que se desea "todo".
Como confiesa el Dr. Jekyll:

"Y, ciertamente, la peor de mis faltas fue una disposición inquieta y alegre, la misma que dio la felicidad a muchos, pero que a mí resultó muy difícil conciliar con un deseo imperioso de sobresalir y arroparme con la gravedad que distingue del común de la gente. Por eso di en ocultar mis placeres..."

Evidentemente a Henry Jekyll le resultaba casi imposible integrar esas dos "subpersonalidades". Una muy vital y que debía ser ocultada, dada a los placeres y a los excesos (Marte/Plutón), mientras la otra era inclinada al trabajo y deseosa de sobresalir en el ámbito social y profesional (Saturno). No es él que no supiera de sus dos personalidades, sino que no podía sintetizarlas en una personalidad mayor; y ante la imposibilidad de integración, Jekyll no tuvo otra alternativa que la de disociarse completamente.

"Fue en el ámbito moral y en mi propia persona donde aprendí a conocer la cabal y primitiva dualidad humana; y vi que las dos naturalezas que contendían en el campo de mi consciencia podrían por separado ser yo, solamente porque yo era radicalmente ambas; y desde fecha muy temprana, antes incluso de que mis descubrimientos científicos me hicieran entrever la pura posibilidad de tal milagro, aprendí a cobijar con placer, como quien acaricia un sueño, la idea de separar esos elementos".

Continuará...
Artículo completo en la edición 20 de la revista Medium Coeli.

 

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