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El intérprete, el interpretado y lo interpretado
Por Armando Rey

 

Cuando a mi se me estropea el automóvil lo único que requiero es un buen mecánico. Qué es un buen mecánico, aquél que teniendo el conocimiento y las herramientas adecuadas, sabe diagnosticar el fallo y reparar o suplantar la pieza rota. Este buen mecánico puede, por más, ser cualquier otro tipo de cosa, y vivir de cualquier manera y a mí ni me importa ni me afecta.

¿Qué ocurre cuando lo que se me estropea no es un objeto sino mi vida? Ocurre que no voy a buscar un mecánico sino un astrólogo, un vidente, un psicólogo, un cura, etc. etc. Me importará a mi como sea este señor, cómo vive su vida? O mejor dicho, puede en este caso separarse la vida que sigue este señor del modo en que ejerce su profesión. Pues no. Así que me dé cuenta o no, a mi me importa Porque este señor trabaja con un ser humano no con una máquina. Así un buen mecánico puede ser fascista, machista, etc. y esto no afectará su desempeño en el oficio. ¿Puede ocurrir lo mismo en el caso del astrólogo? Rotundamente no.

El oficiante en tales casos no puede evitar desempeñarse en su consulta u oficio exactamente igual a como se desempeña en su vida entera. Esto a nivel de desempeño real no a nivel de la máscara socio-profesional que los oficiantes se imponen o ponen cara al cliente. Ya sabemos, esto de que con el cliente pretendo ser abierto, simpático, tolerante, espiritual y sobretodo muy sabio y al llegar a casa con mi mujer o mis hijos, amigos etc. me convierto en un manipulador egoísta.

Establecemos pues la siguiente premisa: en el caso de los oficios que tienen como objeto de su saber al ser humano, conocimiento y vida van inseparablemente unidos., de lo contrario es cuando el intelecto se impone desconectándose del resto del ser y rompe la experiencia para reducirla a un tratamiento intelectual que siempre implica una separación o bifurcación, en cambio el trabajo con símbolos debería siempre propiciar el salto del pensamiento a la experiencia, el astrólogo debe evitar el error de dar al cliente interpretaciones y explicaciones que acaban impidiendo tal salto liberador en la que la persona pueda librarse del filtro social-cognitivo del lenguaje y la lógica y experimentarse como ser universal en contacto con las fuerzas más profundas de su propio ser que son las de la humanidad entera.

La captación de la realidad del símbolo astrológico debe ser hecha por uno mismo, no puede ser aprehendida en formulas intelectuales ni transmitida así al estudiante o al cliente, el significado de un símbolo no puede entenderse si no se toma en consideración la idea que el alcanzar la verdad esta indisolublemente ligado a una transformación interior, por eso la Astrología debería hacer suya la finalidad del propio zen y verse a sí misma como una arte de ver dentro de la naturaleza del propio ser y señalar el camino de la servidumbre y determinismo de la inconsciencia a la libertad de la conciencia.

En un punto, la practica del astrologo, del terapeuta-psicologo y la del sacerdote se unen, o deberian unirse. Jung diria que todos estas profesiones brotan de un mismo nucleo arquetipico: el curador. Asi, el astrologo reconciliando al sujeto con su destino o con el cosmos, el terapeuta reconciliandolo consigo mismo y el sacerdote con Dios, son varias maneras de aludir a un unico y mismo proceso, aunque cada uno utilice tecnicas ditintas y lenguajes diversos.

Transcribo una cita Michael R. Meyer (ya sabes, supongo, el delfin y heredero de Dane Rudhyar), que creo que viene a cuento (traducción del inglés mía): "La Astrologia es un sistema simbólico univeral, que puede definirse como unas tecnicas que aplican la percepcion holista a la interpretacion de la relacion dinamica que existe entre y dentro de todas las totalidades organicas con el objetivo o proposito de revelar una verdad universal o particular." A handbook for the humanistic astrologer.

Pues bien por aquello de que no hay nada tan viejo como la verdad ni nada tan nuevo como la verdad, lo queramos o no, nuestro instrumento y nuestras técnicas como el que usa el psicólogo y el sacerdote, etc ha de ayudarnos en esta esencial tarea. La verdad de uno mismo, y la verdad que subyace al tipo de circunstancias que me toca vivir no es facil alcanzarla. Tampoco sirve para nada que demos un listado de fechas. Aunque el cliente crea que es esto lo que necesita. El cliente se de cuenta o no, cuando se acerca al astrólogo quiere acercarse a sí mismo. Quiere entrar en contacto con el símbolo de su individualidad y de peculiar camino o destino que es su expresión. Entrar en contacto con la verdad de sí mismo cuyo símbolo es su Carta Astral.

El astrologo deberia ser mediador de este encuentro, un mediador que más que atiborrarle con fechas o inútiles consejos, focalizara el uso de sus técnicas y de su energía para esta importante tarea. Ahi está el arte, ahí esta el corazón. Devolver al cliente no lo que pide literalmente: cuando me voy a casar, morir, etc. sino hacerle ver que una preocupación acerca del futuro esconde otra mas importante que esta ya en su presente. Y que acceder a ella implica exponerse a descubrir una verdad de sí mismo. Como dice Don Juan: “La esencia de una explicación no aclara el mundo ni sus misterios, los hace menos pavorosos. En cambio siempre buscamos explicaciones convenientes que se ajustan a nuestro mundo y a uno mismo.

 

El interpretado y/o los dioses reimaginados

A sabiendas el titulo es capcioso puesto que más que reimaginar a los dioses se trata de reimaginar nuestra relación con ellos, de eso se trata pues es de dicha relación que obtenemos nuestra salud, ontológica, psicológica y física o nos ganamos nuestro deterioro y no solo el nuestro sino el del planeta entero. Existe un mito contemporáneo (para romper la tradición en nuestros medios uso la palabra mito aquí en su sentido más vulgar de historia falsa) que reza así: los tránsitos, progresiones, etc. influyen, son causa de, o coinciden sincrónicamente con épocas de cambio. Se da el cambio por garantizado pero nunca se cuestiona que decimos cuando usamos conceptos tales como cambio, transformación, etc. La idea más corriente es la de que el cambio de suerte es algo que está más o menos garantizado, en el transcurrir de un tránsito. Por supuesto que bajo su álgida nuestras circunstancias y experiencias cambian en el sentido más llano de la palabra, ocurren fenómenos y cosas que muchas veces ni cabían en nuestras expectativas y que suponen un corte una alteración del cotidiano fluir de las rutinas y conductas, incluso suponen la emergencia de poderosos sentimientos y emociones.

Que cambien las circunstancias no significa que cambie el ser que las experimenta, hay algo que casi siempre no cambia y con ello desvirtúa el resto de cambios, es el carácter, ese genio, daimon, que nos habita y que es el núcleo generador de destino.

Escuchar la interpretación de la Carta Natal implica un acto de encontrarse con uno mismo. Pero no el uno mismo que uno ya conoce sino que requiere un acercarse a ese centro del ser que está más allá o más acá de todo lo que uno ya conoce de sí mismo. Este encuentro está mediado por un sistema de símbolos que configuran la imagen de la totalidad del ser. Este encuentro es mediado por el intérprete, que es el astrólogo cuyo trabajo consiste en actuar como un traductor, esto es, ha de traducir unos símbolos ilegibles para el no experto al lenguaje hablado con el fin de facilitar su comprensión, pero como todo buen traductor debe hacer, al texto original ni le quita ni se añade nada, es decir nada que no esté en el texto. Claro que en el caso de los símbolos, no se encontrarán dos traductores que digan la misma cosa, pero si ambos lo hacen bien, darán una traducción correcta y es la que el cliente necesita oir en aquel momento.

En el fondo, es como si uno viniera a escucharse a uno mismo pero no lo que cotidianamente uno cansinamente se repite, sino que se trata de escuchar al Otro de uno que va a utilizar a los mediadores para hacerse oir. Ese Otro recibe varios nombres según la tradición o la escuela de pensamiento: el Inconsciente, el Yo Superior, el Sí Mismo, el Espíritu, etc. En el curso de la interpretación hablo del pasado, del presente y del futuro, aunque el énfasis nunca es en la adivinación de hechos (te casarás, te divorciarás, tuviste un accidente, te contratarán, etc.), sino que el esfuerzo recaerá en la tarea de religar los diferentes hechos esparcidos a lo largo de lavida, para intentar con la ayuda del referente cósmico que se trasluzcan sus significados ocultos (inconscientes).

Esos significados son los que permitirán entender aspectos de una vida, de una historia y de un destino, bajo otra luz y una mirada que posibiliten re-ligar, descubrir, como hechos aparentemente inconexos, no relacionados entre si, revelan con la ayuda de la Astrología, un vínculo significativo, un sentido. La posibilidad de conectar con este es la posibilidad de ampliar la conciencia y de reintegrar aspectos de uno mismo y de la vida ahora incomprendidos y como tales desintegrados de l avida consciente. El acto de adivinar recupera así su significado original, retoma su brillo perdido: adivinar como divina guía, encontrar no en la mera descripción de los hechos sino penetrando en su corazón, aquel mensaje que ayude a vivir la vida con más sabiduría. Y sobre todo ayude a enfocar el presente, piedra de toque fundamental, con mayor amplitud de miras. No sé, y creo que nadie puede saber, si, en última instancia, hay un libro celeste en el que nuestro destino esta ya escrito. Ahora bien, de lo que sí estoy convencido es que no hay nada del futuro que no dependa del grado de conciencia con el que afrontamos el aquí y ahora.


Por Armando Rey. www.cielointerior.com