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1.PRESENTACION :: 2.EL HUEVO :: 3.PLANETAS :: 4.PRACTICA :: 4.BIO DE ASSAGIOLI
 

El Huevo de Assagioli como modelo de la psique

Assagioli planteó un esquema donde discrimina entre un inconsciente inferior y un inconsciente superior, cuyo diagrama general es el siguiente.

huevo de assagioli1.  Inconsciente Inferior
2.  Inconsciente Medio
3.  Inconsciente Superior
4.  Campo de la Conciencia
5.  Yo Consciente
6.  Yo Superior o Sí Mismo
7.  Inconsciente Colectivo

Este esquema busca objetivizar una realidad muy compleja y evanescente, y como todo diagrama, es necesariamente incompleto y simplista. Como decía Alfred Korzybski, no debemos confundir el mapa con el territorio. El diagrama nos brinda una perspectiva y un encuadre inicial como para poder visualizar los diferentes elementos a considerar. Las fronteras entre las distintas zonas de la psique están indicadas con líneas punteadas, porque el tipo de relación es una ósmosis permeable, dinámica, abierta, totalmente imbricada. Ésta sería según Assagioli la estructura bio-psico-física que somos los humanos, flotando en un mar de otras conciencias individuales.

Inconsciente inferior (1)
Es el inconsciente freudiano, el lugar donde están los instintos, los impulsos, las pulsiones, lo reprimido, la sombra. Allí están los contenidos que se manifiestan a la conciencia en forma de sueños, síntomas, enfermedades, lapsus y demás.
Al inconsciente inferior también se sumaría la inteligencia propia de lo corporal, tanto inconsciente como involuntaria (la que metaboliza los alimentos, cura las heridas, produce anticuerpos, la actividad cardio-respiratoria, etc).
Este inconsciente posee también contenidos que se encuentran en interfase con el inconsciente colectivo, por su mera pertenencia a la especie humana (arquetipos).

Inconsciente medio (2)
Es lo que Freud denominaba preconsciente. Aquí existen los contenidos inconscientes que no sufren una represión tan fuerte. Es como un pasillo donde pasan todos los contenidos antes de hacerse conscientes. Como cuando uno no encuentra una palabra, pero sabe que la sabe... tiene que esperar y dejarla de pensar un tiempo para que ella aparezca en la mente.
También se encuentran aquí aquellos hábitos adquiridos en algún momento y que ya no nos sirven o no estamos utilizando. Todos sus contenidos son accesibles para la conciencia.

Inconsciente superior o supraconsciente (3)
Aquí Assagioli hace unos de sus principales aportes. Este campo es tan inconsciente como el inferior, sin embargo no es del todo reconocido pero apunta a una dimensión tan verdadera y experimentable como las demás. El supraconsciente va mucho más allá de la mente racional, es la fuente y sede de las inspiraciones filosóficas y religiosas, lugar donde moran los valores humanos como la libertad, generosidad, bondad, comprensión, amor y compasión.

Campo de la conciencia (4)
Todo aquello de lo que podemos ser conscientes ahora (usted leyendo estas palabras, en este caso) se encuentra en este campo.
Sería la punta del iceberg, esa parte de la psique que sale a la superficie, lo que se tiene en luz, de lo que uno es consciente.
Aquí dentro también están los yoes (nuestros diferentes aspectos con sus propias formas de pensar, actuar y sentir). Por ejemplo un “yo profesional” organizado a través de un rol personal, es muy distinto al que usamos cuando jugamos con nuestros hijos, en la intimidad o cuando estamos en un viaje de placer. Es un campo donde conviven nuestras distintas personalidades, que aparecen, se superponen o desaparecen de acuerdo al devenir de nuestro día a día.
Tenemos yoes distintos. Al cambiar la vestimenta somos otros, creemos ser de una manera y quizás hasta nos comprometemos exclusivamente con una meta. Decimos “voy a empezar a ir al gimnasio tres veces por semana”. Una parte de uno se compromete con algo. Y al rato o después, otro yo se agarra la cabeza por haber hecho eso.
Hay una tarea de la Psicosíntesis que es es horizontal, que busca integrar a estos yoes, para comprender la función que cumplen y dándoles permiso de existencia; evitando así la identificación exclusiva con tales o cuales yoes.

Yo consciente (5)
Es la unidad dinámica que constituye el individuo consciente de su propia identidad y de su relación con el medio; es, pues, el punto de referencia de todos los fenómenos físicos y psíquicos.
Es el punto focal de la conciencia, el portador de nuestra conciencia consciente de existir, así como la sensación continuada de identidad personal. Es el organizador de nuestros pensamientos e intuiciones, de nuestros sentimientos y sensaciones. Es el portador de la personalidad y quien nos brinda el sentido de identidad.
Generalmente estamos identificados desde desde este yo empírico con los diferentes roles, y no desarrollamos un sentido de identidad interna más profunda.

Yo superior (6)
Assagioli define a este Yo como el centro unificador y la esencia más profunda de nuestro ser, aquella instancia que permanece siempre igual y fija y que está en contacto con la Realidad Suprema, con el Misterio. Este sentido de inmutabilidad se transmite a su reflejo, el yo consciente; por eso si bien puede identificarse con roles, estados de ánimo o conceptos, mantiene siempre su unicidad y esencia.
Parecería entonces que existieran dos yoes, un yo ordinario y un yo profundo. Sin embargo el Yo en realidad y en esencia es único. Lo que llamamos yo ordinario es aquella cantidad de yo profundo que la conciencia de vigilia asimila y realiza en un determinado momento.
El yo personal es un reflejo del Yo Transpersonal, el yo ordinario es un refelejo del Yo Superior, suficiente como para darnos un sentido de identidad individual.
El Yo Superior, aunque mantiene un sentido de individualidad, se encuentra en el nivel de la universalidad, donde los planes y los asuntos personales están eclipsados por una visión más abarcante. El yo personal y el Yo Transpersonal son una misma realidad experimentada en niveles diferentes.

Inconsciente colectivo (7)
Jung sostuvo que existe un lenguaje común a los seres humanos de todos los tiempos y lugares del mundo, constituido por símbolos primitivos con los que se expresa un contenido de la psiquis que está más allá de la razón.
El inconsciente colectivo contiene toda la herencia espititual de la evolución de la humanidad, que nace nuevamente en la estructura cerebral de cada individuo.
Está constituído por motivos mitológicos e imágenes primordiales, razón por la cual los mitos de todas las naciones son sus verdaderos exponentes. Toda la mitología podría considerarse una especie de proyección del inconsciente colectivo.
Es una suerte de pozo común, idéntico a sí mismo en todos los hombres, y del que no habría posibilidad de percepción directa voluntaria. Su contenido sería todo lo sentido, imaginado o temido por la especie, organizado por los diversos arquetipos con que podemos identificarnos inconscientemente.
Este campo está en contacto y rodeando por completo a toda la superficie del “huevo”, interactuando en forma dinámica con cada uno de los campos psíquicos que lo integran. De esta manera habrá arquetipos del inconsciente colectivo que operarán tanto a través del inconsciente inferior como del superior.

 

El huevo psíquico y el huevo cósmico

Anteriormente hicimos referencia a la Escuela Huber, una de las que tienen más en cuenta la teoría de la Psicosíntesis. Desarrolla un modelo de transformación que denomina el Ánfora. Sin entrar en detalles, digamos que se promueve un movimiento desde el fondo del ánfora hacia la parte superior, o según su interpretación, de Saturno hasta Plutón. Bruno Huber indica que la botella da una visión concreta del hombre, incluyendo sus posibilidades espirituales. Si bien pasamos la mayor parte del tiempo en la parte inferior de la botella, de vez en cuando sentimos una atracción hacia arriba.
No es éste el lugar para explicar y analizar el ánfora en detalle. Hay suficiente material publicado en forma impresa y online para todos aquellos interesados en conocer este modelo. En la bibliografía de este trabajo damos referencias.

Si bien la idea del ánfora puede ser una buena manera articular la Psicosíntesis con el simbolismo planetario, nos pareció mucho más natural y significativo trabajar directamente con el modelo del huevo propuesto por Assagioli; además, el huevo tiene una gran importancia desde el punto de vista simbólico y mitológico, y por qué no, como concepto cosmológico en astronomía y física.

En efecto, a partir de los años ´30 los astrofísicos vienen desarrollando el concepto del huevo cósmico como un intento de reconciliar las observaciones de Edwin Hubble de un universo en expansión con la noción de que el universo debe ser eternamente viejo.
La teoría se popularizó como la del “Big Bang”, y afirma que hace muchos miles de millones de años toda la masa del universo estaba comprimida en un volumen unas treinta veces el tamaño de nuestro sol, y desde ese estado se expandió hasta su estado actual. Pero la gravedad está lentificando gradualmente la expansión cósmica, y en algún momento del futuro el universo volverá a contraerse (el Big Crunch) hasta formar otro huevo cósmico. Entonces el universo “rebotará” a otra fase de expansión, y el proceso se repetirá indefinidamente. En un sentido similar, el físico cuántico A. S. Eddington escribía en 1928 “El espacio no tiene límites porque su forma se cierra sobre sí misma, no por su gran extensión. ‘Aquello que es’ es un cascarón que flota en la infinitud de ‘aquello que no es’.”

Desde el punto de vista mitológico, el huevo cósmico o huevo del mundo es un tema usado en las cosmogonías de antiquísimas culturas y civilizaciones. Típicamente el huevo cósmico es un comienzo de algún tipo, y el universo o algún ser primordial surge a partir del huevo. Joseph Campbell dice que el primer efecto de las emanaciones cosmogónicas es el de limitar el escenario del mundo en el espacio; el segundo es la producción de vida dentro de ese marco.
En uno de los Upanishads hindúes puede leerse que “al principio de este mundo era puro no ser, luego existió, se desarrolló, se convirtió en un huevo. Y lo que nació de allí es el Sol”. Y en otra parte “en el comienzo, este universo era sólo el Yo en forma humana. Miró a su alrededor y no vio a nadie fuera de sí mismo. Entonces, al principio gritó ‘Yo soy él’…”

Dios FanesPara la tradición órfica de la antigua Grecia, Fanes (de Φανης Phanês, 'luz') era un dios nacido del huevo cósmico que dividieron Chronos (dios primigenio muy anterior a Saturno) y Ananké. Fanes era la deidad de la procreación y la generación de nueva vida.
Como gobernante de los dioses, cedió el cetro de su reinado a Nix, su única hija quien a su vez lo dio a su hijo Urano. El cetro le fue arrebatado por la fuerza por su hijo Saturno, quien a su vez lo perdió a favor de Júpiter, el gobernante final del universo. Se dice que Júpiter devoró a Fanes para apoderarse de su poder primigenio sobre toda la creación y repartirlo entre una nueva generación de dioses: los Olímpicos.
Fanes aparecía como una hermosa deidad de alas doradas pero era incorpórea por naturaleza e invisible incluso entre los dioses. Se lo representa como hermafrodita surgiendo de un huevo cósmico (ver figura). Una serpiente se enrosca espiraladamente alrededor de su cuerpo y tres cabezas de animales cruzan su pecho: cabra, león y toro. El huevo está contenido por el mismísimo Zodíaco. Se ha equiparado a Fanes con el nacimiento de la luz cósmica, y a veces con la propia conciencia primordial surgiendo del amanecer de los tiempos.
La serpiente y el espiral son símbolos del crecimiento psicológico; Fanes, el producto del huevo cósmico, sería la síntesis y esencia del proceso evolutivo que la serpiente lleva desde lo bajo a lo alto, de lo más primario a lo más elevado.

hildegard von bingenEn la imaginería del cristianismo medieval, podemos ver la figura del huevo cósmico visualizado por la mística Hildegard de Bingen. Desde muy niña tuvo visiones, que más tarde la propia Iglesia confirmaría como inspiradas por Dios. Estos episodios los vivía en forma totalmente consciente, es decir, sin perder los sentidos ni sufrir éxtasis. Ella los describía como una gran luz en la que se presentaban imágenes, formas y colores que además iban acompañados de una voz que le explicaba lo que veía y, en algunos casos, de música.
En su obra Scivias, Hildegard pinta al mundo como un huevo cósmico, subrayando la idea de una totalidad como algo orgánico, vivo, en crecimiento, con un dinamismo opuesto al universo estático de Platón. “Dios concibió al mundo como un único ser viviente”, dice. “una totalidad en la que el todo penetra cada una de sus partes”.

Para los alquimistas, el huevo filosófico era la materia primigenia, esencial para acometer la Gran Obra, y hasta aparece en el laboratorio de Melquíades en las primeras páginas de Cien años de soledad, uno de los libros más famosos de García Márquez.

 

 

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