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Fantasma de la Opera
El Fantasma de la Ópera.
Una historia más sobre Venus y Plutón (Parte 2).
 

Por Alejandro Christian Luna ®2009

 

Verifiquemos ahora nuestra sospecha acerca de las energías astrales de Gastón Leroux. Veamos, nació en París el 6 de mayo de 1868, a las 9 de la mañana y… bingo!
Tenemos una cerrada conjunción Sol/Plutón en Tauro (polaridad plutoniana y Venus dispositor del Sol y Plutón), Venus en la arquetípica casa XII, en el vulnerable signo de Cáncer y en semicuadratura casi partil con Plutón/Sol. Además, una Luna escorpiana en aspecto a Plutón. (Fuente: www.astrotheme.fr)

carta natal gaston leroux

El horrible Erik, sublime genio del arte

La novela, publicada en 1910, narra la historia del fantasma Erik y la angelical Christine Daaé. El libro pasó casi desapercibido en ese momento, pero la historia se hizo muy famosa a partir de sus adaptaciones teatrales y cinematográficas. La versión muda de 1925 protagonizada por fue de gran impacto visual debido a la terrorífica caracterización del fantasma.


Pero el éxito más resonante de la obra llega a través del musical de Andrew Lloyd Webber, visto por más de 80 millones de personas en todo el mundo y recaudando 3.200 millones de dólares! Aún sigue ganando premios y es un record en todo concepto.
Se estrenó en el teatro Royal Stratford East de Londres el 9 de octubre de 1984 (Fuente Wikipedia.). Si bien no contamos con la hora exacta, la disposición celeste nos permite ver las significativas posiciones de Venus y Plutón en Escorpio y al Sol en Libra, mostrando en forma general la coherencia entre ese momento del cielo y el argumento de la obra representada.

carta natal fantasma de la opera


El argumento original de la novela de Leroux sufrió algunas alteraciones al ser adaptada a los diversos formatos. En el recuadro que acompaña este trabajo resumimos la historia según aparece en la mayoría de las películas y las obras teatrales.
La historia está ambientada en el París del siglo XIX, concretamente en la Ópera Garnier, un edificio lujoso y monumental construido entre 1857 y 1874 sobre un lago subterráneo. Los empleados afirman que la ópera está encantada por un fantasma misterioso que provoca muchos accidentes. El fantasma de la ópera (le fantôme de l'Opéra) chantajea a los dos directores para que le paguen 20.000 francos al mes y le reserven una cabina privada para los conciertos, ya que él compone todas las óperas que se presentan ahí o hace arreglos musicales.
Mientras, la joven diva Christine Daaé (que cree estar inspirada y guiada por un Ángel de Música supuestamente enviado por su fallecido padre) llega a un éxito repentino en el escenario en cuanto reemplaza a la hasta entonces "Prima Donna" Carlotta.
En una versión de la historia, Carlotta es reemplazada debido a que Erik, el fantasma, deja caer un telón de gran tamaño sobre Carlotta y hace que abandone la presentación de esa noche. Christine gana los corazones del público, incluyendo el de su amor de infancia, el Vizconde Raoul de Chagny.

El fantasma se siente celoso de la relación de Christine con Raoul, y la invita a visitarle en su mundo debajo del edificio. Ella acepta, y abajo en las catacumbas descubre que su ángel es en realidad un genio musical deforme que lleva una máscara para ocultar su cara aberrante. Ella grita de terror al contemplar su rostro verdadero, y el fantasma la encierra en su hogar, aceptando liberarla sólo cuando ella promete que volverá a visitarlo por su propia voluntad.
Chistine está dividida entre el amor del joven y encantador vizconde Raoul, y su fascinación con la hermosa música del fantasma. Cuando ella se da cuenta de que su ángel es el mismo Fantasma de la Ópera responsable de accidentes y asesinatos, ella y Raoul deciden casarse en secreto y escapar de París, fuera del alcance del fantasma.
El fantasma descubre su plan, y durante la interpretación de Christine como Marguerite en la ópera Fausto, la secuestra en pleno escenario y deja caer un inmenso candelabro que se encontraba en el teatro. Abajo, en el hogar del fantasma, tiene lugar la última confrontación, entre el fantasma, Christine y Raoul.

 

Hades y Perséfone en la Ciudad Luz

La obra de Leroux renueva el mito de Hades y el rapto de Kore. Recordemos, Hades (Plutón) el monstruoso dios del inframundo, fue atraído por las risas de unas doncellas que recogían flores en las praderas que rodeaban al volcán Etna. Allí vió a una doncella particularmente hermosa, Kore, de la que se enamoró instantáneamente. Plutón hizo brotar cerca de ella una extraña flor que Kore arrancó y, al hacerlo, abrió el suelo a sus pies, apareciendo el terrorífico Hades con su carro de corceles negros, llevando a la asustada muchacha a su tenebroso reino subterráneo.

Resulta que Kore era la hija de Démeter (Ceres), la diosa de la agricultura y especie de Madre Tierra. Cuando descubre que su hija está desaparecida, la depresión y la infructuosa búsqueda de Démeter provoca que los campos sembrados y la naturaleza dejen de dar sus frutos, es decir, la humanidad morirá de hambre.
Zeus no puede aguantar eternamente la agonía de la tierra y obliga a Hades a devolver a Kore, (ya transformada en Perséfone) enviando a Hermes para rescatarla. Pero antes de liberarla, Hades le dio a comer seis semillas de granada, lo que le obligaba a volver seis meses cada año. Cuando Deméter y su hija estaban juntas, la tierra florecía de vegetación. Pero durante seis meses al año, cuando Perséfone (Proserpina) volvía a los infiernos, la tierra se convertía de nuevo en un erial estéril.

Este mito da cuenta de la relación entre Tauro y Escorpio y de los ritmos cíclicos (vida/muerte) de la naturaleza, pero también señala la transformación de doncella a mujer, de una ingenua, infantil e inocente Kore, a una sexuada, oscura y poderosa Perséfone. Todo “gracias” al rapto y violación del dios del submundo que permite a la doncella separarse de la unión simbiótica con la madre, para luego volver a reunirse con ella en un mismo plano, de mujer a mujer.
Así tenemos que Erik el fantasma personifica a Hades y la dulce Christine a Kore. El fantasma era dueño y señor de la Ópera, ejerciendo su poder total desde las profundidades inaccesibles del impresionante edificio. Tras descender numerosos niveles, oscuros sótanos y laberínticos pasadizos, se llegaba a un lago subterráneo, donde se emplazaba su tenebrosa mansión. Es el mitológico reino del Hades, con su río Estigia y la barca de Caronte, situado a muchos metros por debajo de la vital Ciudad Luz, París.
Hay muchos momentos en la novela en que el mito se hace casi literal, por ejemplo:


Raoul: Christine, me ha enseñado la parte alta de su imperio…, pero he oído extrañas historias acerca de los sótanos… ¿Quiere que bajemos?
Christine: ¡Jamás, jamás! Le prohíbo bajar ahí… ¡todo lo que está bajo tierra le pertenece!... y si llegado para usted el momento de raptarme, yo me negara a seguirlo, entonces, Raoul, usted deberá raptarme.
Raoul: ¿Teme, pues, cambiar de opinión, Christine?
Christine: ¡No sé… es un demonio! ¡Ahora me da miedo volver a vivir con él… bajo tierra!
Raoul: ¿Y quién la obliga a volver, Christine?
Christine: ¡Si no vuelvo a su lado pueden suceder grandes desgracias!...


En esta etapa de la historia, Christine ansía ser raptada por Raoul, una imagen masculina positiva, contracara del Fantasma; pero es Erik quien realmente raptará a la protagonista, Raoul es demasiado correcto.


Christine: …No hice el menor movimiento y me dejé llevar… Poco a poco, un estado de laxitud sucedía a la angustia y al terror… La silueta negra me sostenía y yo no hacía nada para desprenderme de ella… Allí abajo hay demonios, completamente negros, ante calderas, y que agitan palas y tenedores, animan los braseros, encienden llamas...
…Estabamos al borde de un lago cuyas aguas de plomo se perdían a lo lejos, en la oscuridad, pero la luz azul iluminaba aquella orilla y vi una barquilla atada a una argolla de hierro, en el muelle…. Las almas de los muertos no debían sentir menos inquietud al abordar el Estigio. Caronte no era sin duda más lúgubre ni más mudo que la forma de hombre que me transportó a la barca…
Erik/Hades posibilita con el rapto y el descenso la transformación de Kore/Christine en Perséfone, comenzando ella misma a sospechar acerca de las motivaciones profundas de ambos.
Raoul: ¿Y usted, lo odia?
Christine: ¡No!
Raoul: Entonces… para qué hablar… ¡Usted lo ama! ¡Su miedo, sus terrores, todo no es más que amor, y del más apasionado! … Quisiera saber qué sentimientos le inspira él…
Christine: ¡Horror! ¡Eso es lo terrible! Le tengo horror y no lo detesto. ¿Cómo podría odiarlo? Contemplé a Erik a mis pies, en la mansión del lago, bajo tierra… ¡implora mi perdón! ¡me ama, me ha raptado por amor!... ¡Y yo lo escucho, y me quedo!

Poco a poco la angelical Christine descubre parte de su verdadera naturaleza, la de Perséfone, o sea, Venus/Plutón.


Christine: Sentí un placer enorme en burlarme de la perfecta inocencia con la que había acogido a la Voz del genio de la música… ¡Cuando una es tan tonta, se está a merced de la más inaudita de las catástrofes! ¡Me lo había merecido!...
Me dijo: cantemos ópera… inmediatamente comenzamos el dúo de Otelo, y ya la catástrofe se cernía sobre nuestras cabezas… La máscara negra de Erik me recordaba el rostro del Moro de Venecia… creí que me iba a golpear… y, sin embargo, yo no hacía el menor movimiento para huir de él. Por el contrario, me acercaba a él, atraída, fascinada, encontrando el encanto de la muerte en semejante pasión. Pero antes de morir… quise ver el rostro de la Voz, e instintivamente, mediante un gesto que no pude contener, ya que no era dueña de mi, mis dedos ágiles arrancaron la máscara… ¡Oh!, ¡horror!, ¡horror!... ¡Horror!


En estas líneas se sintetiza gran parte del mensaje del libro y del significado del aspecto Venus/Plutón. Erik es monstruoso, si, pero poseedor de una sensibilidad sublime. Christine Daaé es joven y bella (Venus) pero ansía la intensidad, posee un poder y un don para la manipulacion que se hará evidente hacia el final de la historia. Lo fundamental es que ninguno de los dos reconoce la otra parte del aspecto en cuestión, así un final feliz de la historia parece improbable.
La visión del rostro de Erik es semejante en el mito griego a la ingestión de la granada (símbolo de abundancia y fructificación). La doncella se transforma en mujer, la inocencia se pierde… enhorabuena! Ahora Perséfone y Hades se pertenecen mutuamente, y así también lo entienden Erik y Christine.


Erik: ¡Mira! –gritaba inclinado sobre mí-, has querido ver, ve, pues! ¡Impregna tus ojos, embriaga tu alma con mi maldita fealdad!... ¿Ves?, ya no río, lloro…, lloro por ti que me has arrancado la máscara y que por ella no podrás abandonarme jamás!...


Acaso porque “ver” es tomar conciencia de algo, y una vez que lo hacemos no podemos volver atrás. Hay que responsabilizarse por lo visto, y si lo evitamos o lo negamos, tan solo estaremos engañándonos a nosotros mismos… “mirando para otro lado”.
Tocamos ahora otro punto esencial de la dinámica Venus/Plutón, cuando una posible síntesis consiste en ver la belleza en el horror, y el horror en la belleza, y ambos potenciándose mutuamente. Pero mejor dejemos que lo describa la pluma de Gastón Leroux:


Christine: ...Asistía anonadada, jadeante, desesperada y vencida, a la eclosión de aquellos acordes maravillosos en los que se divinizaba el Dolor, después, los sonidos que subían del abismo se agruparon de repente en un vuelo prodigioso y amenazante…; aquella sinfonía pareció abrazar el mundo y comprendí que la obra se había realizado por fin y que la Fealdad, elevada en alas del Amor, se había atrevido a mirar cara a cara a la Belleza…
…¡Erik! -exclamé-, enséñeme su rostro sin terror. Le juro que es usted el más desgraciado y sublime de los hombres…


La transformación alquímica se habría realizado, la coniunctio oppositorum, la unión de los opuestos. Fealdad y belleza unidos para siempre por el amor. Si la historia hubiera terminado aquí, más o menos veríamos cierta integración, Hades y Perséfone reinando en el submundo, y ella ascendiendo cíclicamente a la superficie para vitalizar la naturaleza. Pero Christine se arrepiente cuando la hechizante música del Fantasma se acaba.
Aunque la dolorosa transformación en Perséfone ha concluido, no hay una verdadera integración de opuestos sino repolarización, Christine es Plutón directo y Erik es Venus… o Plutón inverso (1).

Christine: ...Quemé su máscara. Desempeñé tan bien mi papel que, cuando no cantaba, se atrevía a mendigar alguna de mis miradas, como un perro tímido que da vueltas alrededor de su amo. Se convirtió así en un esclavo fiel y me rodeaba de mil cuidados…


Ahora Christine se da cuenta del poder que tiene, y hasta parece disfrutar cuando manipula “a piacere” al vulnerable ser de aspecto monstruoso. Por su parte, el asesino terrible ahora gime, lloriquea y prodiga mil cuidados al objeto de su amor.

 

 

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