Por Alejandro Christian Luna ®2009

El actual reconocimiento que tiene la astrología moderna se basa fundamentalmente en la valoración del poder arquetípico de los símbolos astrológicos. Signos, planetas y casas portan una información que proviene del mundo de los arquetipos y que puede hacerse intelegible a nuestra conciencia. Generalmente éstos actúan desde un nivel inconsciente, e inconscientemente somos dominados por ellos. Sin embargo, si nos damos cuenta de la repetitiva dinámica que tienen, podemos sustraernos a sus efectos, o por lo menos a darnos cuenta de su aparición en el mismo momento en que nos descubrimos encarnándolos.
La dinámica arquetípica puede verse en la relación entre los planetas. De esta manera, estudiar los aspectos entre cualquiera de ellos permite vincularlos con las historias que los representan. Así, el aspecto de Venus y Plutón es uno de los que más ha fructificado en la imaginación y la creatividad humana, dando numerosas obras de arte en pintura, literatura, cine y música.
El Fantasma de la Opera es otra historia que describe la dinámica dada entre Venus y Plutón, siendo junto con Drácula, King Kong, La Bella y la Bestia y algunos otros más, uno de los más interesantes y logrados relatos que nos ayudan a entender cómo la conciencia humana registra la complejidad de este contacto planetario.
En este sentido El Fantasma de la Opera es una historia más, pero en realidad aquí está representada la esencia del aspecto en su forma más artística, justamente, en el ámbito de un gigantesco teatro parisino: la Opera de París es un monumento al arte, al lujo, al placer, envuelto en la combinacion de estilos barroco y neoclásico, lleno de incontables sótanos y laberínticos pasillos…
La estructura Venus Tauro / Plutón Escorpio
Antes de entrar en el nudo de la historia del Fantasma, repasemos lo que sabemos acerca de la polaridad Tauro Escorpio. En el mandala zodiacal, si ponemos a Escorpio como Ascendente, nos queda en la casa VII a Tauro y en la XII a Libra. Si tomamos a sus regentes y co-regentes planetarios veremos la importancia estructural que existe entre Plutón y Venus.
Al colocar a Escorpio en la Casa I lo que hacemos es intentar comprender la lógica de la estructura zodiacal desde el punto de vista escorpiano, dado que el Ascendente es la dirección que nos “orienta” (Ascendente = punto Este) hacia un aprendizaje vital de esa energía en cuestión.
La casa VII da cuenta de una complementariedad intrínseca entre ambos planetas, que no solamente es cultural, mitológica o interpretativa sino que es parte de una matriz. Lo que complementa a Plutón es Venus, y viceversa.
La casa XII provoca un anhelo de armonía y de equilibrio donde el encuentro y el reconocimiento del otro es vital para el autoconocimiento. Pero Escorpio exige ir más allá de la armonía, vivir la complementariedad en un nivel de profundidad que trascienda los egos individuales. Para lograrlo no se puede negar ni el odio, ni las pulsiones, ni los miedos, ni las emociones oscuras.
Monstruosidad, amor, control, celos, ternura, crueldad, muerte, sublimación, arte… ¿Por qué estas temáticas resultan tan fascinante para todos? Porque esta polaridad es parte de la estructura astrológica de la conciencia humana, y por ende, resuena en todos nosotros; más allá del hecho puntual de tener en una carta natal un aspecto entre Venus y Plutón (que lógicamente será para ese individuo algo mucho más poderoso y significativo). Además, individual, social y culturalmente todo lo negado y temido (sexo, muerte) se transforma en sombra, es decir, es hechizante y aterrorizador a la vez.
A priori, un aspecto duro entre cualquier planeta (conjunción, cuadratura u oposición) generará una tensión mayor que un aspecto blando (trígono y sextil). A veces no es necesario que efectivamente estén aspectados. Una carta con preponderancia plutoniano/venusina también pondrán sobre el tapete una temática de este tipo. Al respecto podríamos tener varios ejemplos: Ascendente Escorpio, Plutón angular, aspectos Sol/Plutón, stelliums en Libra, Venus angular, aspectos Sol/Venus, etc.
Una persona con esta estructura energética tiene dentro de sí a La Bella y a La Bestia. Lo delicado y lo intenso. La belleza y el horror. La entrega y el poder. Como con todo aspecto, el aprendizaje consiste en hacer una alquimia entre ellos. Pero lo más habitual es quedarse en un polo y proyectar el otro, sobre todo en la oposición.
Identificada con Venus la persona huye del “monstruo”, pero sistemáticamente tropieza y queda a su merced. (O huye de un monstruo para caer en los brazos de otro). Puede sentir que si se abre afectivamente puede ser destruida. Por eso le cuesta entregarse, siendo a la vez muy seductora.
Si la persona está identificada con Plutón, querría dominar y someter a alguien delicado y frágil. Se siente un monstruo, y le parece imposible que alguien pueda amarlo. Necesita descubrir su “fealdad” pero teme ser rechazado al hacerlo. Sería un gran avance para el lado plutoniano darse cuenta que esto revela su gran vulnerabilidad; como así también apreciar de qué modo el lado venusino manipula al “poderoso” desde la atracción y la seducción.
Para empezar a resolver esta dicotomía hay que descubrir cómo las relaciones afectivas generan un juego de poder y un control mutuo. El camino de la transformación consiste en integrar el lado oscuro, cosa que con Venus Plutón sólo puede hacerse a través del vínculo amoroso. La sombra imposible de aceptar en uno es traída por el otro. El secreto es descubrir que uno es más “monstruoso” de lo que creía… o más vulnerable, según donde esté posicionada la conciencia.
En otros trabajos analizamos el mito de los vampiros, viendo que se trataba de un proceso transformador de la conciencia (que puede verse claramente en el “Drácula” de Coppola) a través del amor y del horror, y decíamos que a fin de cuentas, amar implica morir. Pero lo que realmente muere es el amor egoico y narcisista, pues el amor verdadero implica la transformación total de la vida.
Gracias a El Fantasma de la Opera veremos que la delicadeza del monstruo y la manipulación de la doncella permanecen sombrías ante el evidente poder y horripilancia de uno y la vulnerabilidad y belleza de la otra.
Esta temática también se ve en otra obra de Gastón Leroux (autor del relato que nos ocupa), me refiero a “La muñeca sangrienta”. Aquí están nuevamente todos los ingredientes que hacen a la temática Venus/Plutón: un hombre acomplejado por su extrema fealdad con un amor platónico por una hermosa señorita, mujeres vampirizadas y misteriosos asesinatos.
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