Hace tiempo, cuando leí "El libro del té" de Kakuzo Okakura me quedó grabada una frase que decía:
"Para comprender una obra maestra, inclinaos primeramente ante ella y esperad reteniendo el aliento que ella os hable".
Desafortunadamente no siempre tengo presente este sabio consejo, pero cuando lo hago noto que mi percepción aumenta y se vuelve más penetrante. Este mismo consejo me sugiere que cuando estamos ante una carta astral deberíamos acercarnos a ella como a "una obra maestra" pues, al fin y al cabo, representa la energía viva de un ser humano en cuya esencia subyacen todos los secretos del cosmos...
Pero sin necesidad de ponernos trascendentes, creo evidente que un acercamiento respetuoso y receptivo a la carta astral y a nuestro propio consultante, puede aportar profundidad y sentido al encuentro astrológico. Esta actitud receptiva no siempre es fácil para los astrólogos que, acostumbrados a estar más pendientes de las técnicas que funcionan "mejor" y de acertar con nuestras interpretaciones, a menudo olvidamos que nuestro consultante también tiene cosas que contarnos.
Algunos dirán que lo que espera el consultante del astrólogo es que interprete su carta astral, algo evidente si tenemos en cuenta la herramienta con la que trabajamos, pero este hecho no debería excluir una actitud de "escucha" hacia nuestro consultante. Me refiero a una escucha global de sus anhelos, de su vibración, de aquello que captamos en sus preguntas, miradas o gestos. No se trata solamente de observar el lenguaje no-verbal que expresa (aunque esto nos puede ayudar), sino de permitir que la energía de nuestro consultante "nos llegue" para poder adaptar la interpretación de la carta astral a la persona, y no al revés...
La sintonía con nuestro consultante durante el espacio de encuentro interpretativo, dependerá de la conexión humana que se establezca entre ambas partes; sin embargo podemos facilitar en gran medida un encuentro fructífero si consideramos algunas cuestiones con respecto al "encuadre de la consulta astrológica". El término de encuadre se refiere a aquellas cuestiones previas a la interpretación propiamente dicha, que configuran el marco y las condiciones que rodearán a la consulta.
Las orientaciones que siguen a continuación no deben considerarse como una serie de normas a seguir, sino como consideraciones basadas en la experiencia que pueden servir de reflexión para configurar el propio encuadre en la consulta, adaptando algunas de las ideas expuestas a la propia práctica.
El contacto inicial
Generalmente la persona que nos encarga la carta astral tiene una idea superficial de qué es la astrología, y espera "que le cuenten cosas". Con el objetivo de definir si lo que la persona desea corresponde con el trabajo que nosotros hacemos, es conveniente preguntarle cuál es su demanda y a continuación explicarle en qué medida podemos o no responder a ella. Si lo único que alguien desea saber es si le tocará la lotería y nosotros practicamos una astrología de tipo "psicológico" o "esotérico", es evidente que el encuentro puede ser un desastre. A veces la persona no tiene una motivación consciente clara y su solicitud responde a un impulso intuitivo, pero el simple hecho de que le planteemos "por qué se quiere hacer la carta astral" la ayudará a reflexionar y a centrar el propósito de su demanda.
La actitud receptiva
Si estamos enojados por haber tenido una discusión con nuestra pareja, o si la grúa municipal se acaba de llevar nuestro coche, o si estamos alterados por cualquier otro motivo, no cabe duda de que nuestra predisposición para interpretar una carta astral no será la ideal...
Nuestro estado anímico siempre condicionará de forma significativa la entrevista, por lo que puede ser una buena idea cerrar los ojos unos instantes antes de que llegue el consultante, y realizar unas cuantas respiraciones lentas y profundas para conectar con nuestro centro, buscando el mayor estado de serenidad y de equilibrio al que podamos llegar en ese momento. En el caso de que practiquemos alguna técnica meditativa, también podemos realizar una meditación breve, minutos antes de la consulta para favorecer una actitud receptiva. Comprobaremos que estas prácticas tendrán como efecto una mayor claridad, un contacto más fácil con nuestro consultante y una relación más fluida.
El espacio de encuentro
El lugar en el que realicemos la entrevista debería tener cierta intimidad. Interpretar una carta astral en un bar con la televisión encendida, o en la playa con niños que juegan alrededor, no es una buena idea... Tampoco es recomendable realizar la interpretación en el domicilio del consultante, pues al estar "en su territorio" no podremos controlar las interrupciones o las maniobras escapistas, que seguramente aparecerán cuando toquemos puntos sensibles del tema natal.
Si se me permite explicaré un ejemplo ilustrativo que viví personalmente. En mis inicios profesionales viajé a visitar algunos amigos en París, me alojaba en el apartamento de uno de ellos. Cuando mi anfitrión me pidió que le leyese su carta astral no supe negarme, pero al poco tiempo de haber iniciado la lectura, mi amigo empezó a mostrarse inquieto, continuamente se levantaba a buscar "une cocá-colá", abría las ventanas porque "tenía calor", o hacía una llamada "que no podía esperar". Todos esos "movimientos" coincidían con los momentos en que se exploraban algunos aspectos de su personalidad, que su ascendente Leo tenía dificultad para "escuchar". Como es lógico, las continuas interrupciones no ayudaron en absoluto a realizar el trabajo interpretativo de forma adecuada.
Lo ideal es disponer de un espacio propio donde podamos realizar nuestro trabajo de asesoramiento astrológico sin interferencias. Durante el tiempo que dure la lectura deberíamos desconectar el teléfono y pedir a nuestro consultante que desconecte su teléfono móvil. Igualmente, salvo urgencias, también es recomendable abstenernos de abrir la puerta en el caso de que llamen.
Otra reflexión con respecto al espacio de encuentro iría dirigida a la decoración. A través de nuestro espacio personal estamos comunicando mensajes no-verbales que causarán un determinado impacto a nuestro consultante. Si nos vestimos con túnicas y medallones, o tenemos elementos excesivamente "esotéricos" que puedan intimidar (como calaveras, serpientes de cera, etc.) por toda la habitación, probablemente crearemos un estado de aprensión que no favorecerá una relación relajada con nuestro consultante.
Buscar la participación
La carta astral es el vehículo conductor de una exploración compartida entre astrólogo y consultante. Si estamos de acuerdo con esta afirmación, sería deseable que animásemos a nuestro consultante a participar durante la consulta exponiendo sus inquietudes, sus dudas, o explicándonos aquello que desee. Renunciar a "hacer de adivino" puede restar poder al astrólogo, sin embargo no cabe duda que el consultante saldrá beneficiado si adoptamos una actitud de disponibilidad, en la que no pretendemos impresionar con brillantes conclusiones.
La riqueza y beneficios de la interpretación astrológica estará en relación directa, no sólo con la pericia del astrólogo, sino también con la capacidad que este tenga para involucrar al consultante en la comprensión de sí mismo, y en la búsqueda de aquellas estrategias que podría intentar para resolver sus conflictos y alcanzar una mayor cota de felicidad en la vida.
Nota: Algunas partes de este artículo han sido extraídas del Master en Asesoramiento Astropsicológico, ofrecido en la formación de AstroStudies.