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Rudhyar, Assagioli y el concepto de lo transpersonal

Por André Sassenfeld J.
Fuente: www.ifdi.cl

Texto editado del sitio www.ifdi.cl
Texto completo en http://www.ifdi.cl/articulos/el_concepto_de_lo_transpersonal.pdf
 

 

En un comienzo, antes de su establecimiento formal, uno de los términos utilizados para designar al emergente campo de la psicología transpersonal fue la palabra “transhumanista”.
Esta expresión hace referencia al hecho de que esta orientación psicológica está interesada en cuestiones y fenómenos que trascienden los acentos y los límites de la llamada psicología humanista, a partir de la cual se desarrolló la corriente transpersonal moderna.

Otro término barajado fue “transhumana”, un término que sintetizaba las primeras ideas del psicólogo humanista y fundador del movimiento transpersonal Abraham Maslow (1968) acerca de una psicología, una “cuarta fuerza”, que se aventurara más allá de los asuntos humanos personales estudiados por las primeras tres fuerzas de la psicología: psicoanálisis, conductismo y humanismo.
Después de algunas deliberaciones, finalmente se optó por la expresión “transpersonal” ya que, de acuerdo a una carta escrita por Maslow al psiquiatra Stanislav Grof a fines de la década de 1960, “esta palabra expresa lo que todos estamos tratando de decir, esto es, más allá de la individualidad, más allá del desarrollo de la persona individual, hacia algo más grande que es más inclusivo que la persona individual o más grande de lo que ésta es”. En retrospectiva, la opinión mencionada de Maslow presagia varias de las concepciones centrales que han sido formuladas, con el pasar del tiempo, en torno a la definición de “lo transpersonal”.

Desde el punto de vista histórico, el término transpersonal fue empleado por primera vez, al parecer, por el destacado médico, filósofo y psicólogo William James en 1905. Para James, en cuanto dos personas percibían un mismo objeto, el objeto se volvía “trans-personal” es decir, la percepción del objeto es compartida por varios individuos. Algunos años más tarde, el psiquiatra Carl Gustav Jung (1916) ocuparía la palabra para hacer referencia a la naturaleza, la actividad y los contenidos del inconsciente colectivo, usando como sinónimos las expresiones “transpersonal” e “impersonal”.

Alrededor de 1929, el astrólogo Dane Rudhyar se apropió del término para dar cuenta de la “acción que tiene lugar a través de la personalidad, pero que se origina en un centro de actividad ubicado más allá de ese nivel”. En 1949, el analista jungiano Erich Neumann calificó de transpersonales a aquellos factores psicológicos o estructuras internas que son colectivas, sobre- y extra-personales. En algún momento de la primera mitad del siglo pasado, el psiquiatra y pionero transpersonal Roberto Assagioli empezó a describir como transpersonales a ciertos contenidos psíquicos colectivos con la intención de diferenciar entre los contenidos arcaicos o primitivos del inconsciente objetivo y los contenidos colectivos superconscientes. Más allá, Assagioli (1965) utilizó la palabra para designar una etapa avanzada del desarrollo adulto ligada a la emergencia de la dimensión espiritual en la experiencia del individuo.

Así, desde una perspectiva histórica, la expresión transpersonal ha estado ligada a la noción de algo que, en términos psicológicos, es compartido por varios individuos sea una percepción, sea una estructura interna o un contenido psíquico. Lingüística y etimológicamente, la palabra está compuesta de la raíz latina trans, que significa más allá de o a través de, y del concepto occidental de lo personal, que alude, en general, a todo aquello relacionado con la persona, la personalidad, la identidad individual, la subjetividad y la experiencia intrapsíquica. Por lo tanto, de manera literal, transpersonal quiere decir más allá de lo personal o bien a través de lo personal.

El psicólogo transpersonal Frank Lawlis (1996) puntualiza que la idea de lo transpersonal, dado que implica también cambio y acción, involucra tres aspectos complementarios: a través de la persona, más allá de la persona y cambio permanente en la persona. En este sentido, la psicología transpersonal ha sido también retratada como psicología de la transformación.
De los usos históricos previos a la formalización de la psicología transpersonal que el término ha atravesado, aquel preferido por Rudhyar y Assagioli parece incluir un aspecto diferente o adicional a los otros usos que hemos mencionado: mientras que la mayoría de las acepciones subrayan el carácter compartido o colectivo de aquello que se denomina transpersonal, Rudhyar hace alusión a un “centro de actividad ubicado más allá de la personalidad” y Assagioli explicita la ligazón de los conceptos de lo transpersonal y de lo espiritual. Sin embargo, la utilización jungiana de la expresión contiene, quizás de modo más implícito, estas mismas dos ideas debido a que el inconsciente colectivo es concebido, en la psicología analítica, como fuente de sentido y dirección teleológica significativa para la vida de una persona y la experiencia de sus contenidos arquetípicos a veces es descrita. Algunos psicólogos jungianos piensan, hasta el día de hoy, que “se puede afirmar que un evento transpersonal ha ocurrido cuando ha habido una confrontación entre elementos personales e impersonales del psiquismo, involucrando consciencia de tal evento”.

 

Perspectivas actuales sobre el concepto de lo transpersonal

Al margen de su difusión y popularidad, el psicólogo transpersonal Jack Engler ha señalado las imprecisiones conceptuales que rodean a la coloquial expresión “más allá del ego”. Indica que la idea generalizada de “trascender el ego” tiende a engendrar malentendidos de gran alcance entre los psicólogos transpersonales y los psicólogos adscritos a otras orientaciones teóricas porque, desde el punto de vista de otros modelos psicológicos, implica renunciar a aquello que nos convierte en seres humanos. Para él, prácticas transpersonales como la meditación, comúnmente entendidas como estrategias diseñadas para trascender el ego, en realidad fortalecen el ego y algunas de las funciones egoicas ?una noción con fundamentos clínicos que es apoyada, también, por los psiquiatras transpersonales Seymour Boorstein (1997), Arthur Deikman (1982) y Mark Epstein (1995) y por Wilber (1997).

Assagioli y Girelli hacen referencia a un estadio evolutivo avanzado que involucra un diálogo constante con algo que se experimenta como “más allá del ego”: un contacto afianzado con el denominado “superconsciente”, un aspecto del inconsciente descrito por la psicosíntesis que contiene, entre otras cosas, potencialidades transpersonales. Lawlis , yendo aún más lejos, afirma que, para la psicología transpersonal, el crecimiento humano como tal proviene de y está impulsado por “algo” ?un “poder mayor o más amplio que el individual” que se ubica más allá de la persona. Por otro lado, el significado mencionado de la palabra “transpersonal” también ha sido asociado a aspectos o dimensiones de la realidad que se encuentran más allá de la realidad consensual y compartida.

Assagioli es de la opinión de que los fenómenos transpersonales son el resultado del establecimiento de un contacto directo e íntimo con un plano de la realidad que se halla por encima o más allá de aquellos planos generalmente considerados “reales”. Para Walsh & Vaughan, los fenómenos transpersonales evidencian la existencia de una gran diversidad de dominios que se encuentran más allá del universo físico. Desde este punto de vista, la existencia humana es un fenómeno multiestratificado y el universo material ?habitualmente considerado como el único existente? constituye tan sólo una de sus múltiples facetas.

Las ideas inmediatamente precedentes son, tal vez, algunas de las concepciones más difundidas en los círculos de personas involucradas con el movimiento New Age, tal como el énfasis en supuestas vidas pasadas o encuentros con entidades no humanas o no materiales ha puesto al descubierto. Las mismas tradiciones espirituales apoyan, a menudo, la creencia en la realidad efectiva de estas ocurrencias dado que forman parte de sus elaboradas cosmovisiones explicativas. En el contexto de las tradiciones contemplativas, ciertas vivencias incluso son conceptualizadas como realizaciones concretas y específicas de niveles de la realidad que se acercan, cada vez más, a la “verdad” o “realidad” últimas.
Algunos psicólogos transpersonales han ofrecido explicaciones alternativas a la explicación sobrenatural. Por ejemplo, Mann piensa que es factible asumir que los estados transpersonales de consciencia posibilitan el surgimiento de vivencias de la realidad que trascienden las limitadas perspectivas personales ordinarias, responsabilizando a los estados no ordinarios de consciencia de la aparición de realidades o elementos experienciales no consensuales. En ocasiones, esta actitud cuidadosa ha sido criticada como una especie de psicologización de la espiritualidad y, en caso de ser llevada a sus extremos, eventualmente pudiera llegar a representar un nuevo tipo de reduccionismo psicológico en relación a los fenómenos religiosos y espirituales.

La amplia variedad de los fenómenos transpersonales ha sido descrita como conjunto de experiencias y prácticas de carácter divino y sagrado. Sin embargo, el médico Larry Dossey asevera que es necesario evitar la equiparación estricta de los términos transpersonal y espiritual dado que muchas experiencias transpersonales no están asociadas a la sensación de la existencia de un “algo mayor” de naturaleza espiritual.

Para concluir, estableceremos junto al psicólogo transpersonal Jorge Ferrer (2002) que, etimológicamente, el término transpersonal significa más allá o a través (trans) de lo personal y, en la literatura transpersonal, por lo general es empleado para dar cuenta de preocupaciones, motivaciones, experiencias, estadios del desarrollo (cognitivos, morales, emocionales, interpersonales, etc.), formas de ser y otros fenómenos que incluyen pero trascienden la esfera de la personalidad, el self o el ego personales. La psicología transpersonal puede ser entendida, en base a lo dicho, como psicología de lo elevado ?de lo trascendente, espiritual y numinoso en el sentido más amplio del término (Assagioli, 1988).

 

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