El broche de Oro
Por James Hillman*
"Los cielos retienen en su esfera
la mitad de todas las enfermedades y todos los cuerpos"
Paracelso
Puesto en palabras sencillas, para mí, la Astrología devuelve, regresa los
hechos a los Dioses. Depende de imágenes, símbolos tomados del Cielo. Invoca
un sentido politeísta, mítico, poético y metafórico de lo qué es
fatalísticamente real. Esto es lo que conforma a la astrología como un
campo, como un lenguaje, como un modo de pensar eficaz. Es la transmisora a
la mente popular de la gran tradición que nos mantiene a todos morando en un
cosmos inteligible, dándonos, así, preguntas más grandes que la respuestas
humanas. Nos fuerza a imaginar y pensar en términos psicológicos complejos.
Es politeísta y así se contrapone a la mente monoteísta dominante de la
historia Occidental.
Los intérpretes neoplatónicos en el Renacimiento e incluso anteriores,
hallaron una lectura eficaz, beneficiosa de los planetas más maléficos inclu
Saturno, y de las constelaciones más inauspiciosas. Todos los Dioses nos
inundan con beneficios; es tarea del humano, la tarea del intérprete
descubrir estos beneficios. De otro modo, malinterpretamos las bendiciones y
las tomamos por maldiciones.
En mis propios vagabundeos, hallé un día en Roma los beneficios de Saturno,
hace unos años. Estaba paseando por el viejo templo de Saturno, cerrado a
visitas por las autoridades... cuando se me reveló que los males que Saturno
me estaba inflingiendo – frialdad y distanciamiento de la cercanía humana,
obsesión con el pensamiento, humores oscuros y depresivos que paralizaban la
acción, preocupaciones obre cuestiones concretas que yo intentaba imponerles
un orden..períodos de brusquedad y rigidez hacia mi mismo y hacia los otros
– todas estas aflicciones había sido consideradas superficialmente, no había
captado su eficacia – como me protegían, me mantenían en el camino fiel a mi
llamada, me permitían pensar en y recibir bien a la soledad, y cómo éstas
habían permitido que sufriera con el fin de vaciarme. En otras palabras, las
maldiciones atribuídas a Saturno eran bendiciones. Más aún, aquel día en
Roma me dí cuenta que somo nosotros que hacemos a Saturno un planeta
maléfico, al tomar las bendiciones que prodiga de un modo “estrecho y
opresivo” como obstáculos limitantes antes que poderosas bendiciones. No
percibimos la otra mitad, la mitad celestial de la enfermedad o maldición,
pues no es el Dios que nos maldice, nosotros hemos maldecido al Dios al
interpretar mal su eficacia.
La Astrologia neoplatonica hallo la razón de nuestro sentido de
victimización en el hecho que todas las almas están atrapadas en la
estupidez del naturalismo, literalismo, concretismo. Tomamos literalmente
nuestros sufrimientos; percibimos las cosas solos bajo sus apariencias;
insistimos que lo que es real es concreto. Estos errores de comprensión son
debidos a que nuestras almas estan encerradas en “hyle”, la palabra griega
para materialismo. Así el viaje del alma, de acuerdo a la alquimia de
Michael Meier, empieza en Saturno y acaba en Saturno, esto es empieza en la
opresión y la victimización oculta dentro del materialismo de nuestras
mentes mientrasque quedan ocultas las bendiciones de los propositos de
saturno: “dirigir, iluminar y guiar al intelecto hacia el conocimiento de lo
que es verdadreo y útil.
La lectura neoplatónica de una carta astral, devuelve las cosas a los
Dioses, pero no transforma todo en algo ingenuamente positivo. El modo
eficaz de leer simplemente rechaza dividir las cosas en negativas y
positivas, afortunadas o desafortunadas. Una cuadratura puede dar un
Beethoven; un trigono, un Forrest Gump.
Al principio dije que dado que la Astrología es arquetípica es poderosamente
convincente y por tanto peligrosa. Quiero ahora expandirme sobre este
peligro. Es el peligro contra el que he estado lucahando por muchas maneras,
por muchos años y en muchos escritos –literalismo. Especificamente para
nosotros aquí y hoy, el literalismo astrológico.
Dos tipos de literalismo afligen a la Astrología, así que tanto la
Astrología como el psicoanálisis corren en riesgo de convertirse en una fe
fundamentalista. El primero se relaciona con el tiempo. Llamémoslo
literalismo temporal. Se le refuerza con cálculos, tablas, exactitudes,
minutos y segundos. No cuestiona suficientemente la idea del tiempo. Más
bien está poseida por el tiempo. Creo que es mejor que cuando hacemos
cálculos matemáticos, considerarlos menos como mediciones exactas del tiempo
y más como un acto ritual, una teurgia necesaria para constelizar la
comprensión, enfocar la intensidad y elaborar un procedimiento para tomar
distancia muy parecido a otras artes, como la medicina, por ejemplo, debemos
usar medidas cuidadosas y dosis exactas y tanto como el nativo cura en
culturas no técnicas y usa cuidadosas precisiones en sus prescripciones, o
como los cocineros ejecutan su arte en términos de tiempo y medidas. Pero
todo esto es un ritual para enfocar la intuición y refinar las propias
habilidades más que presentar los hechos verdaderso de lo que realmente esta
tendiendo lugar, ha tenido o tendrá, en una esfera invisible e incognocible,
esta otra mitad más allá de este mundo.
Al dejar de lado el apego literalista al tiempo, podemos liberarnos de otro
poder compulsivo en la Astrología: la tentación a predecir.
El segundo literalismo es la creencia en las influencias causales de los
cuerpos astrales. El literalismo astrológico asume que podemos saber esa
“otra mitad” que reside en el Cielo, y, por medio de cálculos matemáticos
basados en la comprensión literal del tiempo atribuir causalidad a estos
poderes celestiales.
Creo que necesitamos deconstruir estos literalismos. Creo que la tarea que
debería llamar al astrologo es pensar más poética y metafóricamente y menos
casualmente, como si la Astrología tuviera que obedecer a la ciencia
newtoniana. No creo que necesitamos definir propiedades causales a los
planetas y a sus constelaciones y, en consecuencia no necesitamos explicar
como la Astrología funciona. Más bien podemos dejar que la carta astral
funcione como un mantra que ofrece revelaciones, una mirada al más allá. Un
mapa de lo invisible, un compendio de los poderes invisibles trabajando en
consorcio. Podemos incluso hablar de estos poderes invisibles como Dioses
que gobiernan, como fuerzas que influencian. Sin pretender el conocimiento
sobre donde están, como funciona y que pretenden.
Sugeriría un modo fenomenológico, un menos metafísico y teológico de leer.
La fenomenología se relaciona con cosas y fenómenos tales como aparecen.
Deja de lado especulaciones sobre orígenes, causas, explicaciones y teorías.
Así es como yo trabajo en psicología. No tengo ninguna teoría de los sueños
–como surgen, que pretenden, donde se originan. Tampoco tengo teoría alguna
sobre los síntomas, las neurósis, la locura o la salud mental. No conozco
las raíces primarias de nionguna de las cosas que me enfrento en mi
práctica... y no me preocupa. No atribuyo a un abuso brutal del padre o a
alguna memória de cruelada materna el poder literal de causación. En vez de
ello, contemplo el fenómeno. Estudio lo que se presenta –el problema, las
imágenes, los dolores, los cambios del destino- intenando siempre liberar al
problema de sus explicaciones para así permanecer enfocado en sus rostros...
He asimilado en mis hábitos mentalers lo que tanto la filosofía oriental
como occidental me han enseñado: la causación en este sentido simple es
ilusória. Más: se convierte en un método de escape de confrontar el fenómeno
que está frente a tus narices. Eso es lo que quise decir antes al afirmar
que no entiendo la Astrología. Más aún no necesito comprenderla. Suficiente
para mi es el comprometerme con su eficacia, asumir sus revelaciones.
La Astrología es un arte práctico pero no una ciencia empírica. Algunos
pueden intentar, como Gauquelin, establecer una base empírica reuniendo
evidencia estadística. No veo la necesidad. ¿Establecemos el valor práctico
y la veracidad de las artes con datos estadísticos?. Nuestra evidencia,
tanto en terapia como en la Astrología, no es de tipo científico, sino de
tipo humano: anecdótica, testimonial, revelatoria...
“Empírico” original y tradicionalmente no significaba establecer una idea
por medio del método científico. Más bien el conepto se referia a los médico
practicantes que eran guiados por, y basaban sus prácticas en la observación
y en la experiencia más que en una teoría. Estoy diciendo que no
necesitamos tener una teoría explicativa para afrontar las experiecias
psicológicas y/o astrológicas para poder practicar nuestras profesiones.
Necesitamos estar solamente dedicados a los fenómenos; necesitamos estudiar,
observar, cuidar y escuchar para poder ser practicantes responsables de
nuestras artes.
Debo confesar que las dos primeras palabras de la afirmación de Paracelso
las tomo más bien litaralmente “El cielo retiene” [dentro de su esfera]. Y
no me quejo por sus palabras mitad y mitad. [La mitad de los cuerpos y de
las enfermedades]. No creo que él se refiriera a la mitad matemática, como
en cincuenta por ciento. Creo que él se refería a que sólamente se obtien
una media verdad, una cura parcial, una comprensión sesgada, incompleta si
se olvida al Cielo...
Prefiero pensar que Paracelso insiste sobre esta mitad de nuestras vidas, la
mitad astrológica retenida por esferas más allá de la naturaleza para que
veamos que esta mitad no es directamente aprehensible por ningún método de
la ciencia natural, ningún tipo de comprensión naturalista o mundana
científica. Intentamos alcanzar el cielo a través de especulaciones
teológicas, místicas, metafísicas, poéticas, matemáticas, pero el Cielo
retiene y así en su esfera es hermético, secreto.
Así nosotros los humanos, conscientes de que vivimos solo con medias
verdades y vemos solamente a través de un cristal oscuro, nos volvemos a la
Astrología para hallar nuestro camino de regreso al Cielo, a las raíces
invisibles que afectan a nuestro cuerpos, a nuestras vidas y a nuestras
enfermedades. En términos Jungianos estamos buscando a Diós en la enfermedad
–no meramente en ésta o aquella enfermedad clasificada literlamente, sino la
“enfermedad” también llamada vida.
El astrólogo revierte los eventos a sus raíces en los cielos por
consiguiente saca a la persona fuera de sus circunstancias al cielo. De
allí, el sentimiento de revelación cuando se hace una interpretación
correcta; las puertas del cielo se abren súbitamente, se conectan las dos
mitades, esta vida aquí y aquella esfera allá. A la Astrología es así un
arte divino, pero no un arte de adivinación –pues esto es literalismo, un
literalismo de la predicción y el tiempo.
La tarea, del astrólogo es de este modo parecida a la del psicólogo
arquetípico, consiste menos en traer aquí bajo, a mi vida, los dones de
Diós, que en dar vida a los dioses. Cada acto de comprehensión, cada
patología, cada racha de buena suerte que yo conecto con los planeas
mantiene a los dioses vivos. A esto, los cristianos podrían llamarle un
movimiento redentor. Prefiero considerar a ésta tarea de regresar los hechos
a los invisibles celestiales, un proceso de epistrofé, siguiendo el
pensamiento del Neoplatonismo, o, ta´will en el misticísmo Persa. Esta
vision contempla al mundo entero lleno de un desieo innato de regresar a su
raíz imaginal, su escencia arquetípica, su otra mitad en el Cielo.
Así, por ejemplo, digamos que asumo un ascendente Géminis en todas
enfermedades y cueros –la vascilación del carácter, la tensión dividida,
distraída, la duplicidad, la dulce turtura de ver ambos lados y luchar ambas
con oposiciones, nervioso, impaciente, encantador, la rápida lengua del
engaño que formula la visa, como un periodísta o un predicador, antes de ser
vivida, la hipersensibilidad, el cansancio que viene por la rapidez e
hiperconectividad -. Todad estas características pertenecen a mi carácter,
un tesoro de Mercurio, un mineral metálico o cuerpo planetario, que mi vida
como la vivo puede pulir y sacarle lústre y utilidad. Este pulir las
enfermedades es lo que escritores como Blake y Keats y Lawrence an llamado
“construcción-del-alma” (soul-making). Soul-making vuelve a los dioses lo
que ellos me dieron y lo que traje conmigo en mi llegada, devolvíendolo más
“refinado” y “sofisticado” como dicen los alquimistas.
Cada vez que un astrólogo en la consulta puede devolver una característica a
su divino carácter, pule un problema y éste brilla bajo una luz diferente,
revela al Dios en la enfermedad, permite que el cliente vea claramente por
un momento esta otra mitad celestial, el astrólogo está realizando una
epistrofé, la devolución de un caos en lo humano a un mito en lo divino.
*James Hillman ®
Texto enviado a la lista Astrocuántica por Armando Rey / Carlos Bogdanich.
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