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¿Por qué nos cautiva Avatar?
Por Alejo Bucatinsky. holoale@yahoo.com.ar.

avatar mesias

 

Es evidente que Avatar puede ser una película más, una película yankee, maniqueísta, donde se libra una nueva batalla entre “buenos y malos” con un argumento que tiene muy poco de original (Danza con Lobos, Pocahontas, etc).
Pero ¿qué es lo que tiene para que sea la película más vista de la historia?
Creo que toca varias fibras inconscientes que nos fascinan. En particular estructuras arquetípicas de las cuales no somos muy conscientes y creo que los que hicieron la película menos que menos. Esto último es lo que me parece más interesante de todo.
Intentaré hacer un desglose de estas estructuras que se puede parecer bastante a una pseudo visión ocultista del film, como si estuviera llena de mensajes encriptados, sólo perceptibles por algunos “iniciados” que llegan a entender a los “guías”. Creo que esto es bastante común y que muchas obras han sido víctimas de esta perspectiva paranoica que “descubre” el mensaje oculto y subliminal, que puede ser tanto evangelizador como satánico. Desde Los Beatles hasta Xuxa, pasando por El Señor de Los Anillos, los ejemplos son infinitos. Esta no es para nada mi idea. Pienso que estas estructuras aparecen aquí por pura “coincidencia” y que de ninguna manera hay intención de James Cameron de evangelizarnos con un mensaje transpersonal-vincular. Creo que más bien es algo así como una necesidad del inconsciente colectivo del cual Cameron no es más que una herramienta.
Vamos por partes

En primer lugar la película nos muestra una cultura del capitalismo extremo, donde todo es productividad y beneficio, y que se enfrenta a una cultura que parece más bien opuesta.
Al mostrarnos esta otra cultura se nos invita a sumergirnos en un mundo maravilloso donde podemos aprender sobre el funcionamiento del planeta, percibiéndolo como un ser vivo en interrelación con todos los seres que lo habitan. Solamente esto produce un impacto muy poderoso.
Creo que muchos de nosotros hemos sentido alguna vez que el mundo en el que vivimos es demasiado hostil; demasiado diferenciado y competitivo para lo que podemos soportar. Esta sensación de Neptuniano Directo al que le cuesta “estar en la Tierra” y necesita refugiarse en su burbuja porque el mundo le resulta intolerable. Este refugio esta muy teñido de la sensación de inferioridad/superioridad. Una primera sensación de “soy demasiado débil para este mundo” y una segunda sensación, habitualmente un poco más subterránea, de “soy demasiado evolucionado para este mundo, no me comprenden”.
Desde esta perspectiva, el encuentro con la cultura Na’vi parece casi una reivindicación.
Allí están maravillosamente presentados un mundo y una cultura donde ya no rigen estos valores de separatividad y competencia; la primacía de la sensibilidad/conectividad. Una voz adentro nuestro, en su pelea con el mundo, dice “...vieron, de esto les hablaba; existe otra forma de vivir y relacionarse.” Esto lo dice tanto el que estudia Astrología, como el que hace Reiki, como el que se dedica a las Tradiciones Originarias, etc., etc., etc. Aquí la película sienta un precedente, muy bien plasmado por cierto y lo suficientemente neutro como para que todos los que nos dedicamos a cualquiera de estas “mancias” podamos depositar en sus imágenes aquellas ideas y valores que sustentan nuestras creencias.
Supongo que a más de uno de nosotros le habrá pasado. Intentar hablar de Astrología o de cualquier otra visión “esotérica”, ser incomprendidos y terminar pedaleando en el aire, empantanado en el típico lugar de “otra vez el limado con sus teorías New Age”.
De hecho, esto está representado en el film. Cuando la Dra. Augustine (Sigourney Weaver) le explica al dueño de la empresa toda la maravillosa conexión que existe entre los árboles de Pandora, recibe como respuesta una sarcástica pregunta: “¿qué están fumando ahí abajo”.
Nuevamente esta sensación de frustración: empezar a vislumbrar que existe otro orden, de que lo sensible/femenino tiene una potencia tremenda pero que sólo puede ser tocada si lo diferenciado/masculino decide entregarse. Sin esta predisposición, es imposible que ocurra el encuentro.
Es esta predisposición a la que nos obliga el cine. Allí uno está entregado a entrar en una fantasía. Si en una charla de bar, alguien nos pidiera que le contemos de qué se trata esta película nueva de la que hablan tanto, seria casi imposible transmitir algo más o menos elocuente, por muy preciso que sea nuestro relato. Sería también esperable volver a caer en el arquetipo de “otra vez el New Age con sus mundos de sueños”. Pero obviamente es muy distinto verla en el cine y con el agregado del 3D. Por muy escéptico o crítico que uno sea, por más que la película y su argumento parezcan básicos, la calidad de las imágenes y efectos irremediablemente nos cautivan.
Es esto mismo lo que ocurre con nuestro protagonista Jake Sully cuando intenta internarse en la cultura Na’vi para aprender de ella. La primera respuesta que recibe es “La gente del cielo no aprende, no saben ver”. Mas adelante la madre de Neytiri dirá “no se puede llenar una copa que ya esta llena”. El paralelismo es literal con la frase Bíblica:

MATEO 9:16-19 “Nadie pone remiendo de paño nuevo en vestido viejo; porque tal remiendo tira del vestido, y se hace peor la rotura. Ni echan vino nuevo en odres viejos; de otra manera los odres se rompen, y el vino se derrama, y los odres se pierden; pero echan el vino nuevo en odres nuevos, y lo uno y lo otro se conservan juntamente”

Lo que se intenta decir es que no hay manera de que entre lo nuevo, de que se abra una nueva sensibilidad si primero no se está dispuesto a abandonar (por lo menos momentáneamente) los viejos prejuicios y preconceptos.
Volviendo a nuestra imaginaria charla de café, esto seria desistir de nuestro intento de contar la película y sencillamente responder: “anda a verla”.

Entonces Jake Sully es finalmente aceptado entre los Na’vi como discípulo. Todo este proceso de aprendizaje toca profundamente los Arquetipos de Lo Masculino y Lo Femenino interactuando en distintos niveles. Tanto Occidente contactando con Oriente, como el Hombre (Jake) reconociendo su lado Femenino Interno (Neytiri) (Ánima y Animus en términos junguianos) o como nuestra mente Consciente adentrándose en el Inconsciente. Dentro de este viaje de nuestro héroe quisiera distinguir etapas. Etapas que se relacionan con el concepto de Iniciación desarrollado por Eugenio Carutti en el Seminario de Psicología Planetaria: la apertura de una nueva sensibilidad que permite ver algo que ya estaba ahí.

La Primera Iniciación es el tomar contacto con esta noción de conectividad. De que el planeta es un ser vivo y que todos sus seres están interconectados. En palabras del protagonista “Intento comprender la profunda conexión que tiene el pueblo con el Bosque. Ella (Neytiri) siempre habla de una Red de energía que fluye a través de todos los seres vivos. Toda la energía es prestada y algún día la devolveremos”
En términos esotéricos tradicionales, cuando se produce este contacto se habla de la Primera Iniciación, o de un Iniciado de Primer Grado. Según esta perspectiva aquí comienza el discipulado o el camino del Aspirante (Alice Bailey).
Este momento es bastante parecido a algo que muchos de nosotros hemos experimentado luego de alguna “experiencia cumbre”, como estudiar Astrología, tener un momento extático a través de la meditación, una experiencia con plantas o cualquier otra vivencia que nos haya puesto en contacto con esta noción de que estamos conectados, de que el mundo no son sólo las Mil Mesetas a las que lo reduce la Visión Materialista-Científica del Mundo. Que hay algo más ahí afuera. Nuevamente, una estructura cae y permite una nueva comprensión.

La Segunda Iniciación ocurre después de que Jake Sully concreta su primer “Muerte Limpia”. Creo que aquí hay un paralelismo con el estadío que llamamos como el del cerebro mamífero. Este pulso que nos lleva a “indiferenciarnos”, a fundirnos en la manada.
Esto parece muy tentador si acabamos de descubrir que el mundo es una enorme red de energía donde todo esta interconectado. Parece muy fácil reducir este descubrimiento a un nuevo Cáncer, una nueva teta. Ya no pertenezco a “mi tribu” sino que mi tribu es La Gran Madre Naturaleza. Esta sensibilidad es más amplia que “mi tribu” pero es una teta al fin, hay un horizonte delimitando.
La fantasía es que si todo esta interconectado, yo no puedo intervenir en ese orden. Puedo a lo sumo contemplarlo y, por ejemplo, hacerme vegetariano o activista de Greenpeace. En este pensamiento esta implícito que yo estoy fuera de ese orden, que sólo puedo atestiguarlo. O más bien, sumirme a él. Lo que hace que esta nueva comprensión de La Vida como un Orden no se achate es incluir a La Muerte.
Eso es lo que representa esta “muerte limpia”: La Muerte también es parte de la Vida; yo soy parte de la vida y puedo matar estando en perfecta armonía con ese Orden.

Una vez que ocurre esto Neytiri le dice: ”ahora sí estás listo”, para lo que yo entiendo como La Tercera Iniciación.
Una vez atravesado el cerebro mamífero, Jake está listo para domesticar a su Ikran, o sea, su cerebro reptil. Según los Omaticaya, sólo después de haber domesticado a su ikran, uno se puede erigir como guerrero. Ésto simboliza que sólo habiendo pasado por la Segunda Iniciación se puede contactar y utilizar (sin ser tomado por) el aspecto mas “primitivo e instintivo” de uno, que es al mismo tiempo el más potente. Como si sólo se nos permitiera desplegar toda nuestra fuerza y vitalidad una vez que está garantizado que operarán al servicio del Orden de La Vida.

Estas dos Iniciaciones conforman lo que desde la perspectiva esotérica tradicional se conoce como la Segunda Iniciación o la consumación de un Iniciado de Segundo Grado (Bautismo de Jesús). Es interesante que este recorrido es exactamente opuesto al que vemos en los guerreros terrestres: ellos manipulan armas cada vez más poderosas al tiempo que parecen cada vez menos sensibles a su entorno. Este es el camino que Jake debe desandar para convertirse nuevamente en guerrero, ya no terrestre sino Na’vi.

Consumada esta Tercera Iniciación es que a través de Jake se produce el encuentro entre las dos culturas, entre lo masculino y lo femenino. Y como tal, este punto de encuentro no prefigura que una de las dos perspectivas o culturas sea superior a la otra. No es que él, que era malo, luego de tomar contacto con los Na’vis “se da cuenta” y se transforma en bueno. No es que “entonces los Na’vis tenían razón”, ni que sus creencias se revelan “verdaderas” y, como tal, permanecen inalterables. Toda su cultura se verá transformada por el advenimiento de Jake. El toma toda la riqueza de este pueblo pero le aporta el tesoro de su propia cultura: la capacidad técnica, la habilidad cerebro-mano. Es por eso que él se erige como el Toruk Makto. Un nuevo líder que eleva la capacidad de lucha de los Na’vis y que logra reunir a los pueblos que estaban divididos.
Dice Neytiri que Toruk elige a sus jinetes y que eso “sólo ha ocurrido cinco veces desde la época de las primeras canciones”. Esto nos empieza a remitir a la idea de grandes líderes que han marcado épocas, lo cual nos acerca al concepto de Avatar como se lo entiende en varias tradiciones antiguas.
Dice Alejandro Luna en su texto: “el concepto de ‘avatar’ remite, en el marco del hinduismo, a una encarnación terrenal de un dios, en particular Vishnú. La palabra también se utiliza para referirse a encarnaciones de Dios o a maestros muy influyentes de otras religiones. Quienes se inscriben en el movimiento New Age suelen llamar avatares a figuras como Cristo, Buda, Lao Tse, Zoroastro, Ramakrishna, Sai Baba, Quetzalcoatl, Krishnamurti, Mahoma y otros. Siempre se trata de seres humanos investidos de una gran espiritualidad e imbuidos por una energía divina”.
Yo concuerdo con esta perspectiva pero tengo que agregar algo. Un Avatar no es sólo un gran maestro espiritual, sino que es EL maestro de una Era. Es el que trae a la Tierra la información de una nueva Era, iniciándola con su mensaje. El ejemplo más cercano para nosotros es Jesús, a quien habitualmente se lo ubica como el Avatar de la Era de Piscis.
Se supone que el advenimiento de un avatar coincide con un tiempo de cambio de Era, un tiempo en el que la tierra está cambiando y ese cambio es simbolizado en la existencia de un gran maestro.

Una vez que Jake se corona como Toruk Makto y unifica a los pueblos, se libra la gran batalla entre Na’vis y terrícolas. En la contienda los Na’vis parecen condenados a la derrota hasta que ocurre la intervención de Eywa.
Creo que acá está el otro punto fundamental de la película y una de las razones por las que ha tenido tanto éxito. Se introduce un concepto totalmente nuevo en lo que hace a la resolución de conflictos en el típico esquema maniqueísta de buenos y malos al que nos tienen acostumbrados nuestros hermanos estadounidenses (que fuerte suenan esas dos palabras juntas, no?).
No gana la parte mejor adaptada, que es la lógica hollywoodense por excelencia. ¿Por qué es ésta la lógica hollywoodense por excelencia? Porque está en perfecta armonía con la lógica científica-capitalista que hace tanto tiempo nos tiene hechizados.
En este conflicto gana la parte que está en armonía con el tiempo cósmico. Es Eywa la que define la contienda y no Jake Sully entrenando guerreros más capacitados.
Acá puede aparecer la misma dicotomía que veíamos en lo que llamé la Segunda Iniciación. Si lo vemos desde la perspectiva de que yo (o mi cultura) estoy separado del Orden de La vida, este Orden parece antropomorfizarse, ser una especie de deidad que “toma partido” en la contienda, haciendo que una se imponga sobre la otra. Pero es muy distinto si lo pensamos desde la perspectiva de que sencillamente una de estas partes esta en sintonía con este Orden, con el nuevo tiempo que esta surgiendo.
Pero ¿qué quiere decir que esta cultura está en armonía con este nuevo Orden? Aquí aparece una nueva falacia, otro engaño de la linealidad de nuestra mente deseosa de dividir entre bueno(s) y malo(s):
“Claro, como los Na’vis están más conectados con “El Orden” (o Eywa) éste los favorece haciendo que ganen la batalla”.
Algo parecido a una nueva escala de valores según la cual, cuanto mas “conectada” o sensible es una cultura, es “mejor”. Se parece bastante a la nueva lógica reivindicativa de las tradiciones aborígenes o autóctonas.
“Claro, los indios tenían razón, lástima que el hombre occidental, que es malo, los masacró”. Ésta lógica no es más que una reacción a la perspectiva “blanca” que presupone la superioridad del Occidental sobre otras culturas “salvajes”. Y es igual de falsa.
Esta comparación con los pueblos originarios es adrede.
Es llamativa la similitud entre el argumento de la película y “La Conquista” de América y me gustaría ahondar en ella para profundizar en esta falsa creencia.
Si esta lógica fuera cierta, si cuanto más “conectada” estuviera una cultura sería “mejor “, ¿Cómo es que los indios de América fueron masacrados y borrados del mapa? ¿Los abandonó Eywa-Papá Dios? Nuevamente la misma respuesta: no hay buenos ni malos, sino sintonización con un tiempo. Era entonces (y es aún ahora) el tiempo de la técnica, del refinamiento cerebro-mano.
Entonces, volviendo a la película, no es que Eywa “ayuda” a Jake Sully porque él es el héroe. Él sencillamente es el emergente de un tiempo, está sintonizando con algo que está ocurriendo mucho más allá de su persona.
Es en este sentido que siento que concuerda con el concepto de Avatar del que hablaba más arriba. Se está iniciando un tiempo diferente, o como tantas veces hemos escuchado, una Nueva Era.
Y en ese sentido, el interrogante que deja planteado la película es si este nuevo tiempo tendrá que ver con el encuentro de las capacidades humanas: entre el perfeccionamiento técnico y la capacidad de sensibilizarnos hacia todo lo que vive. Otra vez, femenino y masculino.
En relación a este surgimiento de un nuevo tiempo hay otro momento de la película que me pareció muy simbólico. Y me remite a lo que llamé la Primera Iniciación. De la misma manera que en el proceso de aprendizaje de Jake Sully decía que es imposible que se abra una nueva sensibilidad “si primero no se esta dispuesto a abandonar (por lo menos momentáneamente) los viejos prejuicios y preconceptos”, pasa algo muy similar con los Na’vi.
La victoria en la batalla contra los humanos y el surgimiento de Jake como nuevo líder ocurre después de que muere el líder del clan y se derrumba ArbolCasa. Esas escenas me remitieron claramente al derrumbe de La Torre.
Sólo aparece lo nuevo una vez que caen las estructuras anteriores que no permitían su florecimiento. Como decía más arriba, no es que los Na’vis son una cultura superior, consumada, perfecta. Dice Julián Cardoso Correa en un texto que para ellos todo ser diferente es o un traidor o un aliado. Es necesario este colosal derrumbe para que puedan romperse esas categorías perceptivas.
Este es el otro interrogante que nos deja la película en relación al tiempo en que vivimos y cómo serán estos cambios que sentimos que se aproximan. ¿Será necesario que, literalmente, destruyamos todas nuestras estructuras para que podamos modificar nuestra manera de percibirnos y organizarnos como especie?
Creo que lo fundamental de la película es dejar planteados estos dos interrogantes que son los que, de una u otra manera, consciente o inconscientemente, todos nos hacemos en estos tiempos que nos toca vivir.

 

Alejo Bucatinsky. 2010.
Este artículo será próximamente actualizado. Derechos reservados.