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Astrología Clásica y Astrología Humanística
Por Robert Martinez
Fuente: http://zodiacastrologysoftware.blogspot.com
 
Lo primero que debemos constatar es que el modelo clásico es estrictamente dual. Hay planetas benéficos y maléficos, pueden estar bien aspectados o afligidos, hallarse fuertes o débiles, domiciliados o exiliados, etc. Esto nos lleva ineludiblemente a una primera conclusión: hay cartas mejores que otras. Y como se supone, desde un punto de vista estrictamente racional, que nadie escoge el momento de su nacimiento, con ello creamos una nueva dualidad. Por un lado tenemos a las personas afortunadas a las que les ha tocado un excelente tema natal, y por la otra, a las desdichadas cuyo destino está fatalmente mediado por el infortunio. Dado que esta explicación puede resultar poco satisfactoria para los menos afortunados, el modelo dual está obligado a extender el hilo temporal hasta enredarse en cuestiones kármicas. De ese modo nos queda la opción de recurrir a nuestras acciones en la vida anterior para explicar nuestra suerte arquetípica de ésta. Si usted tiene a Saturno en oposición al Sol es porque en la vida anterior fue despótico, autoritario y crítico con los demás, y ahora debe soportar una carga similar en sí mismo. A pesar de que esta explicación puede satisfacernos en un principio, conduce invariablemente al absurdo en caso de que sigamos tirando del hilo hasta nuestra primera encarnación, donde la configuración de nuestro tema natal, por lógica, carecería de precedente kármico alguno.

La racionalidad siempre implica una dualidad, y una astrología dual es una astrología cruel, absurda e imperfecta. Dicho en otros términos. Para entender y asimilar la astrología no basta con la razón teórica (Géminis) y la práctica (Virgo), sino que es necesario aprehender un modelo de superior o arquetípico (Sagitario) mediante una actitud contemplativa (Piscis).

Ilustremos con un ejemplo. Según los manuales clásicos, los Piscis elevados son artistas, místicos, intuitivos, sensibles, caritativos y solidarios, mientras que entre los maleficiados caben todos los drogadictos, enfermos mentales, victimistas, paranoides y suicidas. Desde el modelo arquetípico, un Piscis es potencialmente todo eso y mucho más. Los estados considerados maléficos son simplemente expresiones más inconscientes de la propia naturaleza. Un Piscis que no es consciente de sus proyecciones (Virgo en la VII) pensará que los demás sólo están allí para criticarles y burlarse de sus defectos. Ante ello pueden optar por considerarse víctimas, aislarse mental y físicamente, crear una realidad imaginaria e instalarse en ella. Integrar las proyecciones propias es ser consciente de la totalidad, de que no existe Piscis y Virgo, sino Piscis-Virgo, y que están siempre en equilibrio perfecto, y cuanto mayor sea el grado de inconsciencia, disociación e identificación con uno de los polos, más ajeno y amenazador parecerá el opuesto. Entonces, cuando Piscis discierne, atiende, racionaliza, ordena y clasifica, está incorporando a Virgo, y por lo tanto, empieza a trascender límites en vez de confundirlos simplemente. El Piscis elevado, místico y artista no es el que tiene aspectos armónicos, sino aquel que empieza a integrar sus proyecciones, que es lo mismo que ser más consciente de su verdadera naturaleza. Hablamos de consciencia planetaria y no de calidad planetaria. Así que toda carta natal, en última instancia, es un mapa hacia el despertar. Y no hay ninguna carta mejor que otra, ya que todas son meros filtros que reflejan una única Voluntad.

Si bien la astrología clásica se asienta sobre un sistema dualista y fatalista, muchos astrólogos modernos han suavizado algunos de sus postulados y han incorporado herramientas cognitivas de otros campos del saber, como la psicología. Sin entrar en muchos detalles, tenemos la relativamente reciente aparición de la astrología humanista como medio para superar el catastrofismo clásico y aportar algo de luz a las que se consideran las dos metas fundamentales de todo ser humano: la autorrealización y el autoconocimiento. Patrice Guinard va todavía más lejos y dice que "la astrología es el estudio de las estrellas… en el hombre. Las "influencias astrales" en el mundo físico, como las mareas o cualquier cosa que se escoja observar no son astrología sino física". De ser cierta la afirmación de Guinard, la astrología horaria, la mundana, la meteorológica o la bursátil, no tendrían ningún sentido. Me parece una postura con tantos puntos débiles que no creo que merezca la pena realizar una argumentación para rebatirla. Sí que vale la pena dedicar unas líneas a discutir, o al menos poner en entredicho, algunas de las bases de la astrología humanista. A pesar de que se superan muchos anacronismos clásicos y se reduce de forma importante la cuota de determinismo dando un mayor margen de maniobra al tan mal entendido libre albedrío, los postulados siguen siendo estrictamente dualistas.

Así que según este modelo, usted necesita alcanzar una realización personal, lo que sugiere que la mayor parte de su vida usted está de algún modo, incompleto. Nace en la ignorancia y debe suplir esa carencia incrementando su autoconocimiento. La imperfección es la partida y la perfección la meta. Incluso se sigue admitiendo la existencia de crisis, desgracias, desequilibrios e injusticias como parte inextricable de la vida, como si estuvieran más allá del guión arquetípico y fueran una mera cuestión de azar o algún capricho divino. No obstante, ni existen las crisis, ni las desgracias, ni la suerte, ni los desequilibrios, ni las injusticias, ni el azar. El equilibrio arquetípico es siempre perfecto, no es posible alterarlo. Si usted tiene la Luna en oposición a Urano no dejará de expresar en ningún momento de su vida este aspecto. Habrá instantes en los cuales será más consciente de esta dinámica arquetípica, y en otras, le parecerá que es algo que está fuera de usted, que es ajeno a su voluntad. Pero inconsciente no significa involuntario. A pesar de que en ocasiones sea difícil de aceptar, no hay nada ajeno a la Voluntad, que es nuestra voluntad. Por eso no es necesario autorrealizarse, porque ya estamos autorrealizados desde el momento en que nacemos. En todo caso, nuestra tarea, de haber alguna, consistiría en darnos cuenta de que siempre lo hemos estado, que no hay nada que lograr o alcanzar, a pesar que durante el camino podamos alcanzar toda una suerte de logros ilusorios como la fama, la riqueza, el éxito o la felicidad.

Aunque por vía de la autorrealización veamos de qué manera se expresa el impulso solar, la autorrealización no constituye un fin en sí mismo, sino un medio para el despertar y la disolución total. Conocer el guión arquetípico es un medio útil para disolver nuestras identificaciones parciales con determinados arquetipos. Aunque alguien se sienta muy venusiano, tendrá que vivir en todo momento su correspondiente cuota de Marte y de Saturno, ya sea desde el interior o desde el exterior. Y cuando sea consciente de que no hay ninguna separación real entre lo interior y lo exterior, verá que no tampoco hay ningún Yo venusiano ni nada externo que sea saturnino o marciano, sino una única voluntad en perfecto y permanente equilibrio. No hay crisis, ni desgracias, ni desdichas. Sólo hay una resistencia a la integración, deseos enfrentados con la realidad, dualidad.

Un astrólogo humanista le dirá que lo importante es su actitud frente a la crisis, no las crisis en sí. No obstante, tal vez sea más adecuado decir que sólo hay crisis cuando hay deseo, que sólo hay deseo donde hay ego, y que sólo hay ego donde hay inconsciencia. Pero a pesar de que haya inconsciencia, todo seguirá siendo perfecto. Y de la incapacidad para aceptar la perfección devendrá la crisis, porque se creará la idea (deseo) de que la realidad es imperfecta y que podría ser mejor de otra manera.

Se inventa una realidad imperfecta y al esfuerzo por conocerla se le llama ciencia; al de comprenderla, filosofía. La astrología, por su parte, no es una herramienta adecuada para conocer y comprender la realidad imperfecta. No obstante, es la disciplina ideal para descubrir, conocer y comprender la verdadera perfección. A mi modo de ver, ése es el auténtico propósito astrológico y poco o nada puede decir la ciencia sobre él. Por eso la reconciliación no sólo se me antoja imposible, sino también innecesaria.